Deambulaba de un lado al otro del lugar, sus pies recorrían cada palmo del pasillo frente al quirófano.
La incertidumbre se había instalado en su cara, después de unas horas la ansiedad se transformo en inquietud, para dar paso a la desesperación.
Ya no recordaba cuanto hacia que ella había entrado al quirófano, una sola cosa importaba y era que ambas salieran bien.
Las puertas se abrieron de golpe, él giró y miró expectante al médico que se quitaba el barbijo.
-Es una hermosa beba de 3.400 Kg ., completamente sana.
-Mi esposa, Doctor?
El médico agachó la cabeza y al instante él supo que algo no andaba bien. Cuando enfrentó la mirada, el mundo se le vino abajo y las palabras que nunca hubiese querido escuchar, restallaron en su cerebro como latigazos, que desgarraban hasta lo más profundo de su alma, junto con su carne, que también parecía como si empezara a sangrar.
-Lo siento, se complicó y no pudimos hacer nada.
Una nebulosa pobló su mente, la sangre se agolpó a sus ojos y ya no vio nada mas, salvo la cara del medico y sus ojos desorbitados, en un mar rojo.
Su hermano se acercó para tratar de socorrer al medico, porque en el arrebato de locura que siguió a la nefasta noticia, había tomado por el cuello al medico y lo estaba asfixiando, éste trataba de deshacerse de las manos que aprisionaban su garganta, como tenazas, de ese hombre enanejado por el dolor.
A duras penas, consiguieron liberar al medico, que desfallecido fue socorrido por personal del hospital.
Cayó de rodillas, lagrimas corrían por su rostro, no podía entender, que ella estuviese muerta, si la vio entrar con una sonrisa y picara como solo ella podía serlo , le había dicho.
-Cuando salga, seremos dos las mujeres en tu vida, mi amor!
Pasado el estupor y desconcierto, recorrió con la mirada el pasillo y diviso entre la gente que se había agolpado a presenciar los hechos, una enfermera que se acercaba en dirección a él con un pequeño bulto en sus brazos.
Se puso de pie y extendió sus manos para recibir a su hija, la miró.
Su carita rosada, sus manitos juntas aferradas como pidiendo perdón por estar viva, lo devolvieron a la realidad.
Si bien , no soportaba la idea de haberla perdido a ella, a su amor, tenía que seguir por su hija.
Así fue, que con ella en brazos, después de dos días de permanecer en el hospital, el mismo que vio partir a su madre, se dirigió hacia la puerta y sin mirar atrás marcho.
Sabia que el futuro que les esperaba era incierto, que nada seria fácil y que una nueva vida comenzaba para ellos, no importaba cuan duro o difícil pudiera ser, de lo que si estaba seguro, era que siempre estaría junto a su hija, ese ángel que le había dejado ella, nada cambiaria eso y al menos no estaba tan solo.
Porque a pesar de todo tenia Vida al igual que su hija, después de la Muerte…
Lisbeth


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