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Rojas, Buenos Aires, Argentina
Escritora amateurs

3/20/2011

Amor Prohibido




Lo vio apearse del camión, alto musculoso, cuerpo esbelto, cabello rubio trigo, ensortijado semi-largo, ojos color miel.
La cautivó su timidez, por eso fue que se propuso conquistarlo a costa de lo que fuese. Fue amor a primera vista. Siempre solo, no lo veía hablar con nadie. Decidida se acercó a él ese día, ¿Me das un beso?
Su rostro dibujó la incredulidad, ante su silencio ella se acercó aún mas y sin mediar palabra, lo besó.
Al principio el no correspondió, pero ante la insistencia del beso, no tuvo mas remedio que hacerlo.
Los labios almibarados de ella saboreaban los suyos, la lengua presta hurgaba en encauce de su boca, sus manos entrelazadas en su cabello lo acariciaban, creándole sensaciones nuevas.
Al apartarse lo miró a los ojos, la pasión encendía su mirada, seductora recorrió sus propios labios con la punta de su lengua.
-Eso fue un beso robado, ¿Cómo te llamas? dijo  él.
-Mi nombre no importa.
Giró para irse, él la tomó del brazo y la atrajo hacia sí y susurrando sobre sus labios le dijo:
-Ahora el beso… te lo doy yo!
Oleadas de excitación corrían por sus venas en torbellino, sus caricias se hicieron mas profundas, sus besos más urgentes, todo su cuerpo vibraba por el placer.
Una necesidad imperiosa se apoderó de su cuerpo y sus sentidos, quería pertenecerle, hacerlo suyo.
El juego lo había comenzado ella, y ahora estaba atrapada en el.
No importaba que pensara él después, no era mujer fácil pero esto era superior a todo razonamiento.
Dejó que la condujera bajo los árboles detrás de los arbustos, la atrajo nuevamente hacia él y con ágiles manos la recostó en la hierba, besándola comenzó a desvestirla sus pechos erguidos y sus pezones enhiestos, endurecidos por el roce de su lengua se le ofrecieron sin reparos, se detuvo en la areola de sus pezones, con cada mordisco ella gemía de placer, sus manos lo guiaron en el recorrido por su vientre, la estela ardiente que dejaba su aliento a su paso, la encendía aún más.
Desprendió con exasperante lentitud los botones de su short, que le impedían el paso a su tesoro más preciado, entre suspiros y gemidos, arqueó sus nalgas para recibirlo y brindarle el cálido néctar de su interior.
El clímax no tardó en llegar, su cuerpo se estremecía en espasmos de placer, prestamente él se posó sobre ella y abriendo sus piernas la embistió con premura, los movimientos se hicieron rítmicos, cabalgaron al unísono, ensamblados en un acorde de cuerpos perfectos, acoplados en haras del placer que los embargaba a ambos.
La explosión no tardo en llegar, el orgasmo máximo que los elevo hasta el universo dejándolos desangelados.
Recostados uno sobre el otro, se deleitaron acariciando sus cuerpos y mimándose, como si fuese una despedida.
Pero el destino les tenia preparada otra jugada, lo que había comenzado como un juego se tornó en el sustento diario de sus almas, se enamoraron con el ímpetu de los años de juventud, y cada minuto juntos era el preludio para dar rienda suelta la amor que los consumía.
Hasta que llegó el fin, nunca lo planearon así, se habían enamorado.
El era casado y tenía su familia, pero ella no podía interponerse entre él y sus hijos, eso la llevó a tomar la determinación de hacer un paso al costado, aunque ese acto de amor le llevara la vida, estaba dispuesta a ceder y así lo hizo, con la esperanza de que algún día, el destino los vuelva a unir.
Y quizás, solo quizás se puedan amar otra vez como antaño, sin que su amor sea prohibido.

Lisbeth.

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