Una vez más como sucedía a diario, sonó el despertador. Sacudiéndose la modorra, se incorporó en la cama buscando sus ropas, ya dispuestas en orden la noche anterior.
Mientras se vestía, observo el cuerpo que aun yacía en la cama.
Bajó a preparar el desayuno, llamó a los niños, vistió al benjamín de la familia. En ese ir y venir, él apareció en la cocina anudando su corbata.
- Buenos días!. Besó su cabeza en gesto cariñoso, ella por respuesta dijo.
- El café esta listo.
Se dedicó a terminar de preparar a los niños, para llevarlos al colegio. Luego vendría la rutina de todos los días. Limpiar la casa, ir de compras al supermercado, pagar las cuentas, pasar por la lavandería, lo mismo de siempre.
Hacía tiempo que la rutina se había instalado en sus vidas, a tal punto que era un integrante más de la familia.
Ella amaba a su marido como el primer día, pero aún así sentía que ya no existía entre ellos la misma fogosidad en cada encuentro. Además de que eran esporádicos, notaba también que comenzaban a faltarle pasión.
Y todo por culpa de la maldita rutina, esa que sin que ambos lo notaran fue arraigándose de a poco.
Sin embargo hoy todo seria diferente y su vida en pareja comenzaría a cambiar, estaba decidida a que así fuera.
Luego de llevar a los niños al colegio, llamó a su hermana y le pidió si podía llevar a los niños a su casa a dormir.
A medida que transcurría la mañana, la idea se iba haciendo más presente en su mente, ya comenzaba a tomar forma más tangible.
Pasó por la tienda y se compró una lencería provocativa, la idea le produjo una sonrisa pícara.
Así en cavilaciones paso el resto de la jornada. Llegada la noche, comenzó a preparar con esmero lo que sería el volver a recuperar la pasión.
La cena estaba lista, las velas daban una luz de intimidad cómplice, y eso la excitó aun mas, sintiendo el preludio de lo que se avecinaba.
Hacia tiempo que no sentía la sangre agolparse así en sus venas, él llegó y con el asombro pintado en su cara, no atinó a decir nada.
Solo se dedico a mirarla detenidamente, era como si la viera de nuevo por primera vez, no había rastro del cansancio que caracterizaba a la mujer que lo esperaba todos los días, y que él seguía amando.
En su lugar, había una mujer excepcionalmente seductora, en bata de seda e interior de encaje, su cabello siempre recogido, tenia un brillo delicioso y caía en cascada, por su espalda.
Se acercó a ella, la abrazó y besó suave pero largamente, como bebiendo cada gota de su ser, en un susurro, sobre sus labios, le dijo.
- Que hiciste con mi mujer??
Ella soltó una risa cristalina, por un instante eran jóvenes otra vez y la pasión los esperaba, mientras entre los recovecos de la casa, la rutina acechaba esperando dar el zarpazo. Aunque ahora ella, sabia que no iba a permitir que se volviera a instalar entre ellos nunca mas.
Lisbeth.

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