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Rojas, Buenos Aires, Argentina
Escritora amateurs

3/20/2011

Engaño



Hacia días que se mostraba inquieto y extraño, lentamente se fue alejando de su esposa y de sus hijos, algo lo desazonaba.
Había planeado todo meticulosamente, tendría que hacer creer que en realidad estaba muerto.
Así fue como el fin de semana subsiguiente, comenzó una discusión con su esposa que llevó a gritos airados, llantos de parte de ella y él saliendo de su casa en un arranque de furia, al menos eso aparentaba, estar rabioso.
El aire le golpeó la cara, la brisa del río despeino sus cabellos, lleno de nuevos aires sus pulmones, lo aspiraba a bocanadas, como queriendo absorber todo de un solo golpe, para recordarlo siempre.
Se descalzó, sacó sus documentos y los posó suavemente al lado de sus zapatos. Giró lentamente y se dirigió al auto que había comprado hacia un tiempo y que lo tenía escondido de su mujer.
Lo buscaron incansablemente, todo indicaba que se había suicidado, al menos eso creía la policía y su familia.
La desazón embargo a su familia, sus hijos lloraron por su padre y ella nunca entendió porque lo hizo, porque se suicidó, la discusión no había sido para que él tomara esa determinación, ella por largo tiempo se culpó de lo sucedido, hasta que se resignó y con ayuda terapéutica, aceptó que no era la culpable de tan nefasta decisión tomada por él.
La verdadera historia era otra.
Él cansado de su mujer, hacia mucho tiempo que había conocido a otra, a pesar de ser un empresario exitoso en su trabajo y de estar holgadamente bien económicamente, le faltaba la pasión de cuando era joven.
Es por eso que busco el amor en otros brazos y la pasión en otros besos. Hacia un año que tenía esta relación, y sintió que se había enamorado, ella le propuso fugarse y comenzar de nuevo lejos los dos solos.
El medito lo que ella le dijo y después de idear el plan perfecto, resolvió fingir su muerte, de esa manera sus hijos no lo culparían de abandonarlos y ella no se sentiría traicionada, además la dejaría con el negocio que ella manejaría y así a sus hijos no le faltaría sostén.
Previsto todo esto fue que ideo su macabro plan, de fingir su muerte.
La discusión la comenzó él, siguiendo el plan trazado, lo demás siguió su curso.
La cabaña se encuentra en un claro del bosque patagónico, la chimenea humea dejando a las claras que ahí vive alguien, ningún rastro de civilización. Solo el humo y la música que se pierde entre los pinos y arrayanes, da muestra de vida en el lugar.
Las voces apagadas por el crepitar del hogar, son susurros entre los besos que se prodigan el uno al otro, nada  perturba  el momento.
Durante dos años vivieron alejados de todo y de todos, el golpe en la puerta los sorprende, nunca nadie había llegado a ese lugar.
Él se levanta, mira por la ventana una figura enjuta esta de espaldas a la puerta, no puede distinguir quien es si hombre o mujer.
Se dirige presto y abre. Encara a la persona de espalda inquiriéndole.
_ ¿Si? A quien busca, ¿esta perdido?
Sus ojos salen de sus orbitas, es un fantasma lo que tiene frente a él.
Enmudece ante esa presencia, la figura sólo estira la mano para tocarlo, instintivamente retrocede, trastabilla con la alfombra y cae de espaldas al suelo.
Lleva la mano a su pecho, un dolor agudo lo atraviesa, el infarto esta llegando y mientras agoniza murmura.
_ ¿Vos?
La figura se agacha junto a él, acaricia su cara y le dice.
_  Vine a buscarte hay una tumba vacía que te espera, querido.
Era su mujer lo había encontrado y cumplía con su destino, el de estar con los suyos pero ahora muerto de verdad.

Lisbeth.

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