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Rojas, Buenos Aires, Argentina
Escritora amateurs

3/27/2011

Muerte en el Chat.



Son las 22.30 hs, después de una cena frugal, comprada en le drug store de la esquina, me dispuse a sentarme en la PC a leer el correo. Después de lo sucedido con Sally solo me sentaba a leer el correo o a hacer algún proyecto, el chatear había pasado a ser nefasto para mí.

Una invitación a una pagina de citas que me había llegado, me llevo a ingresar al sitio, mas por curiosidad que otra cosa, así fue como la conocí, hacia de esto ya mas de tres meses.
De inmediato entablamos una amistad, que poco a poco se fue afianzando, ella me relataba de sus sueños y yo de los míos, el encontrarnos en el chat era una cita obligada para ambos, luego de un arduo día de trabajo. Era nuestro relax, nuestras charlas siempre giraban en torno de lo que habíamos echo durante el día y que esperábamos del futuro, éramos analistas de la situación mundial, políticos de distintos países, pero siempre al final de cada charla, lo nuestro hacia un tiempo que giraba en torno al se.xo.
Esa noche ella propuso un juego, era habitual que hiciéramos eso también, nos incentivaba el morbo.
La propuesta fue, que por medio de la cámara de la PC, ambos hiciésemos una especie de strip-tease, la idea me tentó, mucho mas porque hacia tiempo que venia soñando con verle el cuerpo que se notaba exuberante.
Acepte de buen grado la propuesta, comenzamos el juego de seducción.
En el mismo instante en que esto sucedía, detrás de la puerta de su apartamento, alguien agazapado en las sombras acechaba con otra intención, hacia tiempo que la seguía, se había obsesionado con ella, conocía cada movimiento, cada lugar que ocupaban los muebles dentro de su apartamento, porque haciéndose pasar por un técnico del cable, había podido ingresar a el y planear todo meticulosamente.
Ella estaba tan ensimismada en su papel, frente a la computadora que por la música no notó que alguien había traspasado la puerta sigilosamente e ingresado en el apartamento, yo la veía embelesado desnudarse, la luz tenue a su espalda la mostraba sensual y atrevida, estaba observando cuando la sangre se me heló en las venas.
Detrás de ella podía notar una figura alta, enfundada en ropa oscura que se le acercaba lentamente, comencé a gritarle pero ella no me oía, puesto que la música estaba fuerte y tampoco me veía ya que había expandido la cámara para que pudiera verla de cuerpo entero.

Lo que siguió a continuación fue la película de horror jamás presenciada por mis ojos, el sujeto se le acerco por detrás y con movimiento ágil, rodeo su cuello con una soga de nylon, la desesperación y el pánico se dibujo en su bello rostro, yo gritaba mientras ella se retorcía en espasmos por la falta de aire, luchaba en contra de su atacante pero la fuerza de él era superior, en cuestión de minutos, con la cara violácea por la falta de oxigeno ella dejo de luchar y el cuerpo se deslizo como un guiñapo en el suelo, de ser una mujer llena de vida paso a ser una muñeca desmadejada en el piso de la habitación.
Mis gritos de desesperación alertaron a los vecinos de mi apartamento que comenzaron a golpear alterados la puerta de este, aun petrificado por el horror presenciado, me levante como un autómata y me dirigí a abrir, la cara de consternación de mis vecinos, me volvió a la realidad y a borbotones comencé a decirles lo que había ocurrido.
A eso se le sumó la impotencia de que no tenia a quien avisar lo que había sucedido ya que ella se encontraba en otro país, y no había modo de avisar a la policía, un vecino tomo el teléfono y pidió con la policía local, ellos se encargarían de avisar al país y a la cuidad donde ella pertenecía.
La policía se presento en mi apartamento y confisco mi laptop, para enviarla con la prueba del crimen al país de Sally, tal vez eso ayudara a resolver su crimen.
Esa noche no puede dormir y por varias noches mas no lo hice, no toque una PC por largo tiempo y hoy después de varias semanas, me sentaba frente a una otra vez, pero esta vez solo para leer el correo y trabajar.
Cuando la encendí, el recuerdo de esa noche, volvió raudamente a mi cabeza y por primera vez mis ojos se llenaron de lágrimas, esas que todavía no había podido derramar.



Lisbeth.

3/26/2011

Vida despues de la muerte



Deambulaba de un lado al otro del lugar, sus pies recorrían cada palmo del pasillo frente al quirófano.
La incertidumbre se había instalado en su cara, después de unas horas la ansiedad se transformo en inquietud, para dar paso a la desesperación.
Ya no recordaba cuanto hacia que ella había entrado al quirófano, una sola cosa importaba y era que ambas salieran bien.
Las puertas se abrieron de golpe, él giró y miró expectante al médico que se quitaba el barbijo.
-Es una hermosa beba de 3.400 Kg., completamente sana.
-Mi esposa, Doctor?
El médico agachó la cabeza y al instante él supo que algo no andaba bien. Cuando enfrentó la mirada, el mundo se le vino abajo y las palabras que nunca hubiese querido escuchar, restallaron en su cerebro como latigazos, que desgarraban hasta lo más profundo de su alma, junto con su carne, que también parecía como si empezara a sangrar.
-Lo siento, se complicó y no pudimos hacer nada.
Una nebulosa pobló su mente, la sangre se agolpó a sus ojos y ya no vio nada mas, salvo la cara del medico y sus ojos desorbitados, en un mar rojo.
Su hermano se acercó para tratar de socorrer al medico, porque en el arrebato de locura que siguió a la nefasta noticia, había tomado por el cuello al medico y lo estaba asfixiando, éste trataba de deshacerse de las manos que aprisionaban su garganta, como tenazas, de ese hombre enanejado por el dolor.
A duras penas, consiguieron liberar al medico, que desfallecido fue socorrido por personal del hospital.
Cayó de rodillas, lagrimas corrían por su rostro, no podía entender, que ella estuviese muerta, si la vio entrar con una sonrisa y picara como solo ella podía serlo , le había dicho.
-Cuando salga, seremos dos las mujeres en tu vida, mi amor!

Pasado el estupor y desconcierto, recorrió con la mirada el pasillo y diviso entre la gente que se había agolpado a presenciar los hechos, una enfermera que se acercaba en dirección a él con un pequeño bulto en sus brazos.
Se puso de pie y extendió sus manos para recibir a su hija, la miró.
Su carita rosada, sus manitos juntas aferradas como pidiendo perdón por estar viva, lo devolvieron a la realidad.
Si bien , no soportaba la idea de haberla perdido a ella, a su amor, tenía que seguir por su hija.
Así fue, que con ella en brazos, después de dos días de permanecer en el hospital, el mismo que vio partir a su madre, se dirigió hacia la puerta y sin mirar atrás marcho.
Sabia que el futuro que les esperaba era incierto, que nada seria fácil y que una nueva vida comenzaba para ellos, no importaba cuan duro o difícil pudiera ser, de lo que si estaba seguro, era que siempre estaría junto a su hija, ese ángel que le había dejado ella, nada cambiaria eso y al menos no estaba tan solo.
Porque a pesar de todo tenia Vida al igual que su hija, después de la Muerte…

Lisbeth

Ardiente tarde de Enero.



Era una calurosa tarde de Enero, el calor era agobiante, deambulaba por la calle, hasta que vi tu negocio, traspase la puerta, el fresco del interior me acogió como un bálsamo, para mi cuerpo caliente por el sol, de la calle.
Detrás del mostrador te encontrabas vos, ensimismado en tu computadora, salude, levantaste la vista y con una sonrisa radiante me dijiste, “ necesitas algo?”, “si, lo más fresco que tengas”, dije con mi sonrisa mas cautivadora…
Observe, que tu mirada se detenía en mi escote, insistentemente, te mire fijo, tu cara expresiva y tus ojos, dejaban traslucir el deseo, que estabas empezando a sentir, en tu entrepierna. Al lado del mostrador se encontraba la heladera, “servite, lo que quieras, esta todo fresco” dijiste, enfile para el lugar y al mismo tiempo vos también te levantaste, llegamos juntos a la puerta, tu mano rozo mis senos al abrir la puerta, al instante mis pezones se endurecieron, podía percibir el aroma a deseo que destilaba tu cuerpo, al igual que el mió.
Sin saber ni como, ni porque empezamos a besarnos apasionada mente, tus manos se perdieron en mi escote, las mías en tu entrepierna, enredados así nos dirigimos al mostrador, te apoyaste en tu banqueta y me apretaste contra tu cuerpo, lentamente me fui deslizando hasta tu cremallera, baje lentamente el cierre, podía hacer lo que quisiera, ya que en esa posición quedaba oculta a la vista de todos, entonces tome con mi mano, tu pene que se me ofrecía grande y enhiesto, duro como roca, lo puse en mi boca, y comencé a succionarlo, con avidez, con deseo y con ganas, tus ojos no dejaban de mirarme, y eso me excitaba cada vez mas, tus manos en mi cabeza acompañaban mi movimiento sobre ti, ardiente te dejaste llevar al clímax, me incorpore y me dirigí al fondo donde estaba el baño, al salir, estabas viniendo en mi dirección, habías cerrado en ese momento, me arrinconaste contra la mesa de pool, tus manos comenzaron a deslizarse por mi cuerpo, mientras tu boca bajaba anhelante por mis pechos, succionando los pezones con suavidad, mientras tu mano se perdía en mi vagina, húmeda  y deseosa de tu lengua, así te lo hice notar y te deslizaste hasta ella, comenzaste a lamer mi clítoris, con suavidad, mi espalda se arqueaba para recibirte con mas fuerza, entonces me levantaste y me apoyaste sobre la mesa, abriendo mis piernas para recibirte en mi interior, cabalgabas sobre mi vientre y mis piernas se elevaron, para que tu pene entrara triunfal, tus embates junto a mis movimientos me llevaron al clímax, rápidamente me giraste boca abajo y separaste mis nalgas,  mi deseo era tal que lo único que quería era que me penetraras otra vez, y así lo hiciste, gemíamos al unísono, tus gemidos me hacían elevar mas la temperatura y los míos te hacían arder cada vez mas, así acoplados a la perfección llegamos al clímax, esta vez juntos, tu pecho se reposo sobre mi espalda, exhausto pero feliz.

Lisbeth.

3/20/2011

Extraños en la noche




Nocturnos, los dos, se encontraron

soñaban pasiones llenas de erotismo

fantasías de uno mismo, donde el mar, el agua y la sal

se unían a sus manos, su piel y sus bocas,



Cada uno soñaba con el otro,

El placer lo ansiaban con todo su ser,

Sus labios en su piel,

Inundando cada parte de su alma,

Llenando su espíritu,



Sus labios recorrían la delgada capa de sal que cubría el cuerpo del otro

cada instante, cada contacto, cada pasión

se convertía en una nueva fantasía

cada beso, cada mirada, cada caricia

eran notas de una canción



El éxtasis los desbordaba,

En sensaciones creadas por la lujuria,

De sus pensamientos, de sus deseos,

Las ansias contenidas, el roce

De los cuerpos danzando el baile

Del placer y la pasión.



Eran puros deseos de algo inexplicable

sin palabras conversaban a través de sus cuerpos

deseaban mas pero conocían la locura

del amor prohibido, del amor no cuerdo



Sus labios hurgaban en sus bocas,

Saboreando el néctar de ese amor,

Tanto tiempo aletargado,

Por el sopor de la soledad,



Y sus manos, apoyadas unas sobre otras

arañaban la roca tras la que se escondían

a sabiendas de que quizá por un instante

el mar no les arrebataría el placer de encontrarse



Y así unidos y ensamblados

En eterno deleite, el placer

Los abrazo como el mar

Meciéndolos al compás

De sus cuerpos urgentes

Para elevarlos en las olas

Del máximo goce



Sus caderas bailaron al ritmo del mar

rompiendo la ola en un estruendoso y húmedo orgasmo

se despertaron entonces de ese sueño

una habitación oscura, familiar....

a los pies de la cama una concha de mar

recordó que quizá se haría realidad.

Engaño



Hacia días que se mostraba inquieto y extraño, lentamente se fue alejando de su esposa y de sus hijos, algo lo desazonaba.
Había planeado todo meticulosamente, tendría que hacer creer que en realidad estaba muerto.
Así fue como el fin de semana subsiguiente, comenzó una discusión con su esposa que llevó a gritos airados, llantos de parte de ella y él saliendo de su casa en un arranque de furia, al menos eso aparentaba, estar rabioso.
El aire le golpeó la cara, la brisa del río despeino sus cabellos, lleno de nuevos aires sus pulmones, lo aspiraba a bocanadas, como queriendo absorber todo de un solo golpe, para recordarlo siempre.
Se descalzó, sacó sus documentos y los posó suavemente al lado de sus zapatos. Giró lentamente y se dirigió al auto que había comprado hacia un tiempo y que lo tenía escondido de su mujer.
Lo buscaron incansablemente, todo indicaba que se había suicidado, al menos eso creía la policía y su familia.
La desazón embargo a su familia, sus hijos lloraron por su padre y ella nunca entendió porque lo hizo, porque se suicidó, la discusión no había sido para que él tomara esa determinación, ella por largo tiempo se culpó de lo sucedido, hasta que se resignó y con ayuda terapéutica, aceptó que no era la culpable de tan nefasta decisión tomada por él.
La verdadera historia era otra.
Él cansado de su mujer, hacia mucho tiempo que había conocido a otra, a pesar de ser un empresario exitoso en su trabajo y de estar holgadamente bien económicamente, le faltaba la pasión de cuando era joven.
Es por eso que busco el amor en otros brazos y la pasión en otros besos. Hacia un año que tenía esta relación, y sintió que se había enamorado, ella le propuso fugarse y comenzar de nuevo lejos los dos solos.
El medito lo que ella le dijo y después de idear el plan perfecto, resolvió fingir su muerte, de esa manera sus hijos no lo culparían de abandonarlos y ella no se sentiría traicionada, además la dejaría con el negocio que ella manejaría y así a sus hijos no le faltaría sostén.
Previsto todo esto fue que ideo su macabro plan, de fingir su muerte.
La discusión la comenzó él, siguiendo el plan trazado, lo demás siguió su curso.
La cabaña se encuentra en un claro del bosque patagónico, la chimenea humea dejando a las claras que ahí vive alguien, ningún rastro de civilización. Solo el humo y la música que se pierde entre los pinos y arrayanes, da muestra de vida en el lugar.
Las voces apagadas por el crepitar del hogar, son susurros entre los besos que se prodigan el uno al otro, nada  perturba  el momento.
Durante dos años vivieron alejados de todo y de todos, el golpe en la puerta los sorprende, nunca nadie había llegado a ese lugar.
Él se levanta, mira por la ventana una figura enjuta esta de espaldas a la puerta, no puede distinguir quien es si hombre o mujer.
Se dirige presto y abre. Encara a la persona de espalda inquiriéndole.
_ ¿Si? A quien busca, ¿esta perdido?
Sus ojos salen de sus orbitas, es un fantasma lo que tiene frente a él.
Enmudece ante esa presencia, la figura sólo estira la mano para tocarlo, instintivamente retrocede, trastabilla con la alfombra y cae de espaldas al suelo.
Lleva la mano a su pecho, un dolor agudo lo atraviesa, el infarto esta llegando y mientras agoniza murmura.
_ ¿Vos?
La figura se agacha junto a él, acaricia su cara y le dice.
_  Vine a buscarte hay una tumba vacía que te espera, querido.
Era su mujer lo había encontrado y cumplía con su destino, el de estar con los suyos pero ahora muerto de verdad.

Lisbeth.

Amor Prohibido




Lo vio apearse del camión, alto musculoso, cuerpo esbelto, cabello rubio trigo, ensortijado semi-largo, ojos color miel.
La cautivó su timidez, por eso fue que se propuso conquistarlo a costa de lo que fuese. Fue amor a primera vista. Siempre solo, no lo veía hablar con nadie. Decidida se acercó a él ese día, ¿Me das un beso?
Su rostro dibujó la incredulidad, ante su silencio ella se acercó aún mas y sin mediar palabra, lo besó.
Al principio el no correspondió, pero ante la insistencia del beso, no tuvo mas remedio que hacerlo.
Los labios almibarados de ella saboreaban los suyos, la lengua presta hurgaba en encauce de su boca, sus manos entrelazadas en su cabello lo acariciaban, creándole sensaciones nuevas.
Al apartarse lo miró a los ojos, la pasión encendía su mirada, seductora recorrió sus propios labios con la punta de su lengua.
-Eso fue un beso robado, ¿Cómo te llamas? dijo  él.
-Mi nombre no importa.
Giró para irse, él la tomó del brazo y la atrajo hacia sí y susurrando sobre sus labios le dijo:
-Ahora el beso… te lo doy yo!
Oleadas de excitación corrían por sus venas en torbellino, sus caricias se hicieron mas profundas, sus besos más urgentes, todo su cuerpo vibraba por el placer.
Una necesidad imperiosa se apoderó de su cuerpo y sus sentidos, quería pertenecerle, hacerlo suyo.
El juego lo había comenzado ella, y ahora estaba atrapada en el.
No importaba que pensara él después, no era mujer fácil pero esto era superior a todo razonamiento.
Dejó que la condujera bajo los árboles detrás de los arbustos, la atrajo nuevamente hacia él y con ágiles manos la recostó en la hierba, besándola comenzó a desvestirla sus pechos erguidos y sus pezones enhiestos, endurecidos por el roce de su lengua se le ofrecieron sin reparos, se detuvo en la areola de sus pezones, con cada mordisco ella gemía de placer, sus manos lo guiaron en el recorrido por su vientre, la estela ardiente que dejaba su aliento a su paso, la encendía aún más.
Desprendió con exasperante lentitud los botones de su short, que le impedían el paso a su tesoro más preciado, entre suspiros y gemidos, arqueó sus nalgas para recibirlo y brindarle el cálido néctar de su interior.
El clímax no tardó en llegar, su cuerpo se estremecía en espasmos de placer, prestamente él se posó sobre ella y abriendo sus piernas la embistió con premura, los movimientos se hicieron rítmicos, cabalgaron al unísono, ensamblados en un acorde de cuerpos perfectos, acoplados en haras del placer que los embargaba a ambos.
La explosión no tardo en llegar, el orgasmo máximo que los elevo hasta el universo dejándolos desangelados.
Recostados uno sobre el otro, se deleitaron acariciando sus cuerpos y mimándose, como si fuese una despedida.
Pero el destino les tenia preparada otra jugada, lo que había comenzado como un juego se tornó en el sustento diario de sus almas, se enamoraron con el ímpetu de los años de juventud, y cada minuto juntos era el preludio para dar rienda suelta la amor que los consumía.
Hasta que llegó el fin, nunca lo planearon así, se habían enamorado.
El era casado y tenía su familia, pero ella no podía interponerse entre él y sus hijos, eso la llevó a tomar la determinación de hacer un paso al costado, aunque ese acto de amor le llevara la vida, estaba dispuesta a ceder y así lo hizo, con la esperanza de que algún día, el destino los vuelva a unir.
Y quizás, solo quizás se puedan amar otra vez como antaño, sin que su amor sea prohibido.

Lisbeth.

3/08/2011

Encuentro mortal.



El ronroneo del motor, no aplacaba las voces, que se entremezclaban en su cabeza. Manejaba por inercia, como algo preestablecido. Sus ojos miraban sin ver, las manos crispadas sobre el volante mostraban los nudillos blancos, dejando en claro la tensión acumulada en su cuerpo.
Su ropa desaliñada, manchada con rastros de sangre y su cabello enmarañado, eran  testigos de lo que había acontecido.
Sólo se había detenido por una copa camino a casa. Nunca imaginó que sería  él quién perpetraría tal crimen.
 Su viaje de negocios, había sido un éxito, por eso decidió volver antes, para festejar junto a su mujer.
La satisfacción se le traslucía en la cara. Al llegar al aeropuerto, la alegría y la euforia por el éxito conseguido seguía latente.
Las luces de neón del bar lo invitaron a parar.
El lugar no era de lujo, pero el ambiente parecía agradable. En las mesas dispersas en el local, había algunos parroquianos, se acercó al mostrador acodándose y tomando asiento en un taburete, de espaldas a la concurrencia, se enfrentó con el dueño.
Éste era un hombre entrado en años, cabello cano, ojos de un azul profundo y sonrisa amigable, le preguntó que deseaba tomar.
-Un bourbons sin hielo por favor.
 Tomó el vaso, el licor lanzando dorados destellos, le quemó la garganta, hizo un una mueca, los ojos le ardieron pero aguantó las lagrimas.
-Otro, por favor.
Del fondo del local de una de las mesas, ella se levantó y con paso indolente se le acercó. Sus ojos adivinaban que el hombre en cuestión  podía ser un buen cliente.
-Hola guapo, ¿me invitas?
El giró la vista, su mirada la recorrió, el vestido marcando sus curvas la delataba, dejando a la vista su trabajo y sus intenciones, su cabello dorado a fuerza de tintura caía sobre sus hombros, sus labios de un rojo encarnado, mostraba a las claras que era una profesional, todo en ella era una muestra de que era una profesional de las artes amatorias.
Él no tenía ninguna intención de liarse en plan alguno con ésta mujer, pero algo en su mirada le dijo, ¿porqué no?, es sólo una copa.
- Pide lo que quieras, yo invito.
- Gracias, festejas algo, por lo que veo.
- Si, me fue bien en algo en lo que hace tiempo vengo trabajando.
La conversación siguió en torno a su último logro, los ojos de ella brillaron por la codicia, podía imaginar que a este tonto, le sería fácil sacarle dinero junto con Jimmy.
Los coqueteos se hicieron más sensuales trataba de engatusarlo, él se daba cuenta, y la dejaba hacer, sus juegos lo divertían, por un momento se olvidó del motivo por el cual había regresado antes, y se dijo que tenía tiempo para algo así.
Salieron del bar, ella le propuso ir a su apartamento. Condujo su auto por la avenida, el apartamento se encontraba en un edifico viejo. Al traspasar la puerta él notó que algo no andaba bien,  ella se mostraba confiada, pero eso no lo convencía, le dijo que se iba a poner más cómoda, saliendo de la sala y perdiéndose por una puerta al fondo del pasillo, él se quedó esperando que volviera, mientras su mirada recorrió el apartamento, éste no mostraba lujo de ningún tipo, estaba mas bien desprovisto de todo mobiliario suntuoso, algo que él esperaba encontrar, siendo que era una prostituta elegante en el vestir.
Apareció ataviada sólo con una bata translucida, dejando al descubierto la majestuosidad de su cuerpo voluptuoso y firme, acercándose a él parecía como si se deslizara por el piso, flotando.
Lo envolvió en sus brazos atrayéndolo hacia ella, besando su cuello, sus ágiles dedos comenzaron a desabrochar su camisa, las manos de él la recorrían, pero sus sentidos estaban alertas, seguía con la sensación de que algo no estaba del todo bien, pero aún así el deseo era superior a toda alerta que su cerebro le pudiera enviar.
Estaba ensimismado en sus besos y caricias, la música sonaba suave, endulzando el momento, no supo que algo o alguien se acercaba a ellos, hasta que fue demasiado tarde, algo frío y duro se clavó en sus costillas.
Volteó para ver que era y se encontró con el rostro de un hombre joven, ella se retiró subrepticiamente de su lado, cerrando su bata y ocultando su desnudez incipiente.
Ahí se dio cuenta que había caído en una trampa, ella lo había llevado para robarle, lo que no sabia es que él no poseía dinero, no la suma que ella y su secuaz se imaginaban.
Así se los hizo saber, el joven enfureció y lo golpeó en la cabeza, él cayó sobre la alfombra hincando la rodilla en el piso, sus manos se crisparon sobre esta, el dolor le había echo perder el equilibrio, trató de incorporarse y un nuevo golpe lo volvió a derribar, esta vez en el estómago.
Tomándose el vientre con ambas manos y doblado por el dolor permaneció unos minutos tirado, jadeando. Trató de recuperar el aire, entre tanto el tipo que lo había atacado, discutía con la mujer por unos minutos, eso le permitió recuperar el aire y fuerzas, esperó paciente a que se le acercara nuevamente, y cuando lo hizo, arremetió con el hombro sobre el joven, derribándolo en el piso, con la agilidad de un gato, se montó sobre él y comenzó a golpearlo, sólo el instinto de supervivencia lo hacia defenderse, estaba encarnizado golpeando al muchacho que no tuvo el tino de prestarle atención a ella.
Ésta lo estaba apuntando con el arma, que el joven había perdido en la lucha, sus gritos lo trajeron a la realidad, se incorporó lentamente, pidiéndole a ella que dejara el arma, que se marcharía y que no haría ningún tipo de denuncia, si sólo lo dejaba marchar.
Sobre el suelo como un guiñapo, el cuerpo del joven yacía laxo, inerte, no se movía.
Creyó que estaba muerto, pero al mirarlo detenidamente notó que todavía respiraba, ella apuntándolo con el arma, no dejaba de proferirle insultos, él comenzó a acercársele con la intención de quitarle el arma, que ella blandía frente a su cara.
Con un movimiento rápido estaba junto a ella, forcejeando para apoderarse del arma, que aún permanecía en sus manos, cuando pudo arrebatársela, se escuchó el estampido de un disparo, la cara de ella dibujó una mueca de dolor, y comenzó a deslizarse hacia el suelo, sus manos seguían aferradas a la pistola humeante, lo arrastró junto a ella en su caída.
Torpemente se puso de pie, la mirada exorbitada por el desenlace acontecido, soltó el arma como si esta le quemara las manos.
Salió del  apartamento, como si lo persiguieran mil diablos, no volvió la mirada ni una sola vez, en su mente sólo el afán de huir  lo hacia seguir.
Corrió  a su auto, las piernas estaban a punto de flaquearle, pero pudo subir antes de que eso sucediera.
Manejó sin sentido, las luces pasaban frente a él, como fantasmas provistos de luz, no sabia que hacer ni a donde ir, la desesperación se apoderó de él.
Sabía que si iba a la policía no le creerían, que hacer, su mente estaba confundida, tampoco quería ir a su casa, como le explicaría a su mujer lo que había pasado.
Entonces tomó una dura decisión, se iría lejos para que no lo encontraran, todo por lo que había trabajado se esfumaba, todo por lo que había luchado se desplomaba, comenzaba a ver como su vida ya no tenia sentido y su carrera comenzaba a perder todo el brillo y esplendor por el que había peleado tanto tiempo.
El amanecer lo encontró conduciendo a ninguna parte, solo sabía que no podía regresar, ahora sólo le quedaba huir y vivir como un fugitivo.
Su futuro se perfilaba incierto, no sabía a donde ir, ni a quién recurrir. Todo contacto con personas de su vida le suponía un peligro.
Había estado conduciendo toda la noche, los ojos le ardían por el esfuerzo que realizaba para poder enfocarse en la carretera. El cansancio comenzaba a hacerse notar, los dedos entumecidos de su pie derecho sobre el acelerador, eran simples prolongaciones de su cuerpo.
El afán de huir, de alejarse lo más posible, se había arraigado en su mente, no se permitía sentir agotamiento, cansancio, dolor y mucho menos hambre.
Continuo manejando por horas, hasta que la luz del combustible titilando en el tablero le anunció que debía detenerse.
El atardecer estaba asomando, eso le ayudaría a pasar desapercibido.
La rutilante marquesina de la gasolinera, lo invitó a parar. Apeándose del coche se dirigió al baño, la chaqueta ayudaba a ocultar la sangre de su camisa, una vez dentro del baño trabó la puerta y se dispuso a asearse un poco. Hizo todo mecánicamente, cuando levantó la vista, la imagen que le devolvió el espejo, era la sombra del hombre que había sido veinticuatro horas antes, feliz y seguro con un futuro promisorio. Frente a él, estaba este otro, un fugitivo sin rumbo, inseguro y sin ningún futuro posible.
Peinó sus cabellos con los dedos, termino de acomodar sus ropas de manera prolija, aspiró aire y resuelto salió al estacionamiento.
Su auto se encontraba aún aparcado junto a las bombas de despacho, el empleado lo esperaba junto a el, acercándose metió su mano en el bolsillo, apartó el importe justo y pagó.
Subió a su coche, enfiló nuevamente a la ruta, por el momento el lugar más seguro para él era ése.
Un par de kilómetros más adelante, un cartel indicaba una posada desviando el camino.
Se adentró por el sendero que conducía hasta ella. La noche comenzaba a caer. Estacionó bajo un frondoso árbol que se encontraba a un lado de la entrada.
El lugar parecía de ensueño, perdido entre la vegetación circundante, era el lugar ideal para ocultarse. De seguro acá no lo encontrarían, traspuso la puerta, la sala principal contaba de unos sillones color café ubicados frente al hogar, con una mesita ratona en el medio sobre una alfombra de vistosos colores, unas tulipas colocadas estratégicamente daban a la estancia una iluminación calida y agradable. El ambiente daba sensación de tranquilidad, las cortinas color melocotón entonaban perfectamente con las paredes, algunos cuadros dispersos componían el resto del decorado, sobre el hogar un espejo enorme le devolvió su imagen, instintivamente alisó un vez más su chaqueta.
De la escalera bajaba una joven sonriente, se quedó admirado de sus ojos azul profundo que contrastaban con su larga cabellera negra.
Dándole la bienvenida la joven se presentó.
- ¡Buenas noches! Bienvenido a mi posada, soy Lisa la dueña. Mientras le tendía la mano a modo de saludo.
Las palabras se atropellaron en su boca, se sentía intimidado ante la fresca presencia de ella.
- Hola, sólo necesito un cuarto y un baño.
Ella notó su nerviosismo, pero educada hizo caso omiso, para que él se sintiera seguro y tranquilo, jovialmente le dijo:
- Tengo un cuarto con baño privado, si lo quiere es suyo.
- ¡Si por favor!, su voz sonaba apremiante.
- Le tomo los datos y en unos minutos estará disponiendo de el.
El temor tensó su cuerpo, ¿Qué nombre daría? No podía darle su verdadera identidad. Estaba huyendo y hasta que su mente se aclarara necesitaba esconderse.
- Mi nombre es… Mike, Mike Smith, vengo de New Jersey.
- Ok, Mike firme aquí y ésta es la llave de su cuarto, subiendo la escalera al fondo.
Garabateó una firma, tomó la llave y se dirigió escaleras arriba.
El cuarto constaba de una cama con dosel de dos plazas, una pequeña cómoda y una silla a un costado de la ventana, sobre la  mesita de noche había un cenicero y una biblia, tomó esta última y la guardó en el cajón, Dios ahora no le serviría de nada.
Al voltearse miró por la ventana, desde ella se divisaba  a la luz de la luna, el disco plateado de agua del lago. Caminó la baño, abrió la ducha dejando el agua correr, lentamente se quitó la ropa, sus brazos pesaban, el agotamiento se hacía sentir.
Restregaba sus manos y su cuerpo con furia, queriendo borrar de esa manera lo que había sucedido, exhausto dejó que su cuerpo se deslizara, quedando en cuclillas. Las lágrimas inundaron sus ojos, dio rienda suelta al llanto, la desazón, la impotencia y la culpa comenzaban a ceder.
Envuelto en la toalla salió para dirigirse a la cama, necesitaba con urgencia poder descansar. La sorpresa lo embargó, sobre esta había una bata, junto a ella una camisa y un pantalón junto a una nota “si quiere baje a cenar”. El miedo volvió a atenazarlo, buscó sus ropas y no las halló. Rápidamente se vistió y bajó las escaleras.
Encontró a la joven en el comedor, sólo había dos cubiertos dispuestos para la cena, sonriente se volvió hacia él.
- La ropa está en la lavadora y la cena esta lista, siéntate.
No atinó a contradecirla, no supo porque, solo obedeció la orden. Ella regreso con una fuente humeante en sus manos.
- Es estofado de cordero, espero que te guste.
- Gracias, pero… ¿sólo somos nosotros dos para cenar? ¿los otros huéspedes?
- No hay nadie, sólo tu y yo. Hace tiempo que nadie se detiene aquí, unos meses atrás abrieron un motel sobre la ruta, así fue como mis clientes me fueron dejando, tú eres el primero en dos meses. Ahora come que se enfría.
Así en silencio cenaron, cada tanto levantaba la vista y al mirarla la notaba observándolo con una sonrisa y en sus ojos un dejo de comprensión, de a poco se fue relajando, sobre el final de la cena, lo invitó con un café, que él acepto de buen grado.
- Tomémoslo en la sala, le propuso ella.
Se sentaron ambos en el mismo sofá frente al hogar, ella le relataba su vida, el atento la escuchaba, todo parecía normal, salvo por la culpa que pugnaba en su interior, se podría decir que eran los mejores amigos y hasta una pareja feliz.
“Es guapo, se dijo ella apenas lo vio parado en la sala. Sus ojos color almendras y su cabello rubio dorado, enmarcaban un rostro viril y armonioso, a pesar del rictus de temor y desesperación que lo acompañaba. Ella intuyó que huía de algo y sólo le nació ayudarlo, sin saber porque.
Se sintió atraída por él desde el primer momento, también había notado las manchas de su camisa, pero no les hizo caso, no parecía un hombre violento y tampoco tenía la traza de un criminal. Sabía también que su nombre era falso, pero iba a dejar que él se lo confesara.
Más relajado después del baño, de la cena y del café, se sentía a gusto ahí junto a ella frente al hogar, se había creado una especie de intimidad entre los dos, que de repente se encontró confesándole todo.
Mientras le relataba lo acontecido, fue notando los cambios en la expresión de los ojos, cuando terminó agachó la cabeza, abatido por el esfuerzo realizado al sincerarse con ella.
Las lágrimas brotaron nuevamente a sus ojos, pero esta vez eran de alivio al saber que podía compartir la culpa con alguien más.
Ella se acerco más a él y con ambas manos le tomó el rostro, obligándolo a mirarla, dulcemente lo besó en los labios.
- Acá estas a salvo, fue un accidente Mike.
- Lo sé y lo siento Lisa…mi verdadero nombre es Alan, Alan Fowler.
- Lo imaginé, Alan. Puedes quedarte el tiempo que quieras, además me hace falta la ayuda de un hombre aquí.
La tomó en sus brazos y la besó apasionadamente, sentía que podía comenzar a vivir otra vez.
La noche avanzaba insondable y en alguna parte la policía buscaba a un hombre que se había equivocado.


Lisbeth.

3/01/2011

Esa maldita rutina.

Una vez  más como sucedía a diario, sonó el despertador. Sacudiéndose la modorra, se incorporó en la cama buscando sus ropas, ya dispuestas en orden la noche anterior.
Mientras se vestía, observo el cuerpo que aun yacía en la cama.
Bajó a preparar el desayuno, llamó a los niños, vistió al benjamín de la familia. En ese ir y venir, él apareció en la cocina anudando su corbata.
- Buenos días!. Besó su cabeza en gesto cariñoso, ella por respuesta dijo.
- El café esta listo.
Se dedicó a terminar de preparar a los niños, para llevarlos al colegio. Luego vendría la rutina de todos los días. Limpiar la casa, ir de compras al supermercado, pagar las cuentas, pasar por la lavandería, lo mismo de siempre.
Hacía tiempo que la rutina se había instalado en sus vidas, a tal punto que era un integrante más de la familia.
Ella amaba a su marido como el primer día, pero aún así sentía que ya no existía entre ellos la misma fogosidad en cada encuentro. Además de que eran esporádicos, notaba también que comenzaban a faltarle pasión.
Y todo por culpa de la maldita rutina, esa que sin que ambos lo notaran fue arraigándose de a poco.
Sin embargo hoy todo seria diferente y su vida en pareja comenzaría a cambiar, estaba decidida a que así fuera.
Luego de llevar a los niños al colegio, llamó a su hermana y le pidió si podía llevar a los niños a su casa a dormir.
A medida que transcurría la mañana, la idea se iba haciendo más presente en su mente, ya comenzaba a tomar forma más tangible.
Pasó por la tienda y se compró una lencería provocativa, la idea le produjo una sonrisa pícara.
Así en cavilaciones paso el resto de la jornada. Llegada la noche, comenzó a preparar con esmero lo que sería el volver a recuperar la pasión.
La cena estaba lista, las velas daban una luz de intimidad cómplice, y eso la excitó aun mas, sintiendo el preludio de lo que se avecinaba.
Hacia tiempo que no sentía  la sangre agolparse así en sus venas, él llegó y con el asombro pintado en su cara, no atinó a decir nada.
Solo se dedico a mirarla detenidamente, era como si la viera de nuevo por primera vez, no había rastro del cansancio que caracterizaba a la mujer que lo esperaba todos los días, y que él seguía amando.
En su lugar, había una mujer excepcionalmente seductora, en bata de seda e interior de encaje, su cabello siempre recogido, tenia un brillo delicioso y caía en cascada, por su espalda.
Se acercó a ella, la abrazó y besó suave pero largamente, como bebiendo cada gota de su ser, en un susurro, sobre sus labios, le dijo.
- Que hiciste con mi mujer??
Ella soltó una risa cristalina, por un instante eran jóvenes otra vez y la pasión los esperaba, mientras entre los recovecos de la casa, la rutina acechaba esperando dar el zarpazo. Aunque ahora ella, sabia que no iba a permitir que se volviera a instalar entre ellos nunca mas.

Lisbeth.