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Rojas, Buenos Aires, Argentina
Escritora amateurs

2/25/2011

Crónica de un Secuestro.






Las ramas de los árboles, desgarraban su piel, arañaban su cara, pero no siente nada. El agitado latir de su corazón y el miedo que corre por sus venas, hace más desenfrenada su carrera. Sólo quiere huir, las rocas escarpadas como cortadas por bisel, laceran sus pies descalzos.
Varios días atrás, no recuerda cuantos, salió de trabajar, se despidió de sus compañeras y caminó hacia el estacionamiento de la empresa en busca de su coche, al llegar e introducir la llave, perdió la conciencia.
Despertó en un cuarto con olor a moho y musgo, sus ropas ya no estaban, instintivamente asume posición fetal tratando de tapar su semi desnudez.
Sus ojos comienzan a adaptarse a la poca luz interior, recorre la estancia, una mesa y una silla, componen el resto del mobiliario junto con el catre en donde se halla.
Camina tambaleante hacia la puerta, he intenta abrirla, ésta no cede y grita.
- ¡Por favor, ayúdenme! ¡Que alguien me ayude!!!
Golpea insistente y grita, pero nada. Ni un solo sonido proviene de afuera, que delate a alguien en el lugar. Exhausta de tanto llorar, se duerme. Despierta sobresaltada, un ruido proveniente del otro lado de la puerta, la pone en alerta.
Espera anhelante a que se abra, se finge dormida para observar a su captor.
La silueta alta se perfila, traspasa el umbral con una bandeja en la mano.
- Aquí tienes comida, come.
Las preguntas se agolpan en su garganta.
- ¡¿Quien es usted, porque me tiene aquí, donde estoy, donde esta mi ropa. Por favor, dígame que quiere?!
La angustia se vuelve a apoderar de ella.
- No importa quien soy, estas acá por una razón. Ahora come, no me sirves si te enfermas y mueres.
Trata de levantarse y cae en la cuenta de que esta débil, no sabe cuando fue la última vez que comió algo.
El sujeto cierra la puerta tras de si, ella escucha la llave y después un sordo ruido a cadenas. Esta cautiva de este individuo y no sabe porque, sus padres no tienen el dinero suficiente para un rescate, este sujeto se ha equivocado de presa.
Así pasan los días, hasta que llega el momento de pensar como escapar, solo lo ve cuando le da de comer, un balde se transformo en excusado y no tiene noción de lo que es un baño caliente.
Es un animal acorralado, encerrado en contra de su voluntad, aun así quiere escapar.
Comienza a tratar de ganarse su confianza, cada vez que él se acerca le habla con tranquilidad, necesita que se confíe.
Y así de a poco, la espera para escapar no le suena a inverosímil.
Llegó el día, casi puede sentir el olor a la libertad, le ha pedido que la deje tomar un poco de aire, esta demacrada por el encierro, él accede sin saber lo que ella planea.
Cuando se encuentra fuera, la luz del sol hiere sus ojos, su mirada recorre el lugar, nota que no es la única que esta en esa situación, hay otras cabañas igual que esa y de la que proceden gritos, también nota que no hay nadie mas que este sólo sujeto.
Camina mansamente para darle confianza y cuando lo tiene cerca con un fuerte empellón, da con el sujeto por tierra, a pesar de estar débil, el tiempo que estuvo encerrada lo ocupo en hacer pesas con la cama, así fue que tonifico sus brazos y eso le permite poder derribarlo.
Corre, sin mirar atrás, sigue, nada la detiene, con sus heridas sangrando, llega a un claro del enmarañado bosque, esta desorientada, del otro lado del claro el sonido del agua se hace cada vez mas fuerte, sin pensarlo corre hacia ese lugar, de repente esta frente a una catarata que cae rauda por la colina, no se detiene y en un esfuerzo por recuperar su libertad salta.
El agua la abraza, como calido refugio, esta helada, pero no lo siente.
Aspira con fuerza el aire que llena sus pulmones y se deja llevar por la corriente, un tronco a su paso le sirve de bote, se desvanece, pierde la conciencia otra vez.
Las voces le llegan en murmullos apagados, teme abrir los ojos, no quiere que ese sujeto este ahí otra vez. Se mueve inquieta, una mano se apoya suave sobre su hombro y una voz le susurra.
- Estas a salvo, tranquila.
Comienza a entreabrir los ojos, la luz blanca shockea su vista, pero aun así, busca de donde viene esa voz tranquilizadora, gira la cabeza y ahí esta su madre con lágrimas en los ojos, sonriendo.
Entonces da gracias a la vida y se larga a llorar desconsoladamente.
Ya habrá tiempo de tratar de ayudar a las otras chicas y de entender porque la secuestraron.
Pasaron los días, las heridas de sus pies todavía no le permiten caminar bien, pero esas son las que menos duelen.
Las que le quedaron en el alma, esas no se borran. No sabe cuanto van a tardar en desaparecer, le cuesta conciliar el sueño y cuando lo hace, duerme de a ratos, el miedo la acecha constantemente.
La policía se encargo de investigar la desaparición de otras chicas, casi todas de su misma edad, pero todavía no pudieron dar con el paradero de ninguna.
Los datos que ella suministro, no sirvieron de mucho.
Cuando cayo en el río, éste la llevó corriente abajo, así que tampoco saben donde pudo haber estado, la selva es tupida y no tienen conocimiento de que exista alguna vivienda cerca de donde la encontraron.
Durante el tiempo que la tuvieron secuestrada, nadie pidió rescate, por lo que suponen que se trato de otra cosa.
En una sucesión, rememora una y otra vez el momento de su huida, recuerda claramente el lugar hasta que se largo a correr por el bosque, en sus oídos suenan los gritos de las otras chicas clamando ayuda, ese auxilio que ella sabe que si no puede guiarlos hasta ahí, nunca va a llegar.
Entonces sucede algo inesperado, mientras duerme, empiezan a venir a su memoria, pantallazos, detalles que creía haber olvidado.
Si algo la caracterizó siempre, fue su memoria fotográfica, algo que supo aprovechar a su favor y que ahora le decía como saber quien era el secuestrador.
Se concentra, vuelve a ese lugar que la asusta, de solo imaginarlo, pero sabe que es la única forma de dar con él.
Recuerda el ruido de un motor, también se acuerda de haber visto el tipo de coche que era, un mustang del 66 color azul petróleo, con llantas cromadas, y un faro trasero roto.
Esto lo vio por la hendija de la puerta, el día siguiente de estar ahí.
Ahora resta esperar, sabe que lo van a encontrar, quiere tenerlo cara a cara, para preguntarle porque a ella.
Al cabo de unos días, golpean la puerta de su casa, se sobresalta temerosa, cada ruido brusco como el golpe en la puerta o una portezuela de coche cerrándose, la intimida y pone en alerta.
Su madre abre, ella acurrucada en el sillón, los ojos fuera sus orbitas, mirando como un animal asustado, se dirigen a la puerta.
- Lo encontramos, Sra. debe venir a la estación, para reconocerlo.
- Pero oficial, mi hija todavía no se encuentra bien, además nunca vio su cara.
Se incorpora del sillón, por sus ojos ruedan lagrimas, pero la decisión es firme y esta tomada.
- Voy con usted, dice.
Toma el abrigo que esta junto a la puerta y sale erguida, tratando de demostrar un valor que esta muy lejos de sentir.
Del otro lado del vidrio esta él, se pasea como un animal enjaulado, la satisfacción de verlo así, se deja traslucir en su rostro. Ahora él sentirá lo que ella sintió cuando la tenia cautiva. Pide que lo hagan hablar, ya que lo único que reconoce es su voz y sus manos, era un detalle que había olvidado y ahora al oírlo hablar recuerda, una estrella en su mano derecha tatuada entre el pulgar y el índice.
- Es él!!! Sin ninguna duda!!! gira para salir corriendo de la habitación, pero algo la detiene, vuelve el rostro y lo mira.
Es alto eso lo recuerda perfectamente, pero hay algo en él que la atrae.
No es un tipo común y hasta es bien parecido, pero sus ojos están vacíos, no poseen sentimientos, ni nada que deje ver que ese hombre tiene vida.
Para hacer lo que hizo con ella, tiene que ser así, un hombre sin ningún vestigio de sentimiento o valor por la vida humana, la de ella y la de las otras chicas, siete más en total.
La vida de él no fue fácil, pero nada justificaba el daño que le había echo y con el cual ella y las otras deberían coexistir el resto de sus vidas.
Sucedió que él estuvo muy enamorado, ella lo abandonó, así fue que él comenzó a buscar en cada joven que secuestraba a esa mujer, todas eran físicamente parecidas, cabello largo casi rojizo, ojos oscuros, delgadas.
Se obsesionó tanto con que ella volviera que al no hacerlo, comenzó a buscar en la calle, a quien se pareciera y de esa manera seria como tenerla otra vez.
Cuando las alimentaba, en la cena les ponía una droga, de esa forma podía estar con cada una de ellas, sin que estas lo notaran.
Acariciaba sus cuerpos, sólo por el placer de creer que eran la mujer que el amaba, pero nada de eso era real. La obsesión lo llevo a cometer esta locura, el amor no correspondido lo llevo a esto.
Pero aún así, ella jamás podría perdonar a semejante animal, que le había destruido las ganas de amar y le había robado la seguridad y la serenidad.
Jamás volvería a confiar en nadie, eso la había marcado para siempre.
Se arrebujo en su abrigo, como si hiciera un frío gélido dentro del precinto, giro sobre sus talones, camino hacia la puerta, se detuvo, tomó aire y determinada salió a la calle, la vida comenzaba para ella otra vez.

Lisbeth.

2/21/2011

Una noche mas...


*       *      
Otra noche mas que no estas conmigo, otra noche en que mi cuerpo, necesita con urgencia de tus manos y de tus besos.
Evoco una y otra vez, nuestra ultima noche de encuentro, tus labios almibarados por los restos de ron, mezclado con el olor dulzon del cigarro, tus manos ásperas, se tornan suaves al recorrer mi cuerpo, dibujando cada pliegue de mi piel, infundiéndole calor a mis sentidos, tu boca que presurosa baja por mi cuello, para llegar a mis pechos que están expectantes , esperando que el halo de tu boca los rodee, succionas suavemente, mi espalda se arquea para recibir tu boca anhelante, mis manos se hunden en tu pelo y te guían en el recorrido de mi cuerpo, lentamente y sin prisa, noto como toda tu virilidad majestuosa, se apoya sobre mi vientre, te rodeo con mis piernas y me ofrezco como una flor abierta a la bendición de la lluvia en un día de aciago calor, penetras suavemente en mi, y cabalgamos, sin perder el compás de nuestros cuerpos.
Veo en tus ojos todo el deseo y la pasión que destilan, eso hace que me enciendas hasta la locura, me haces el amor sin prisas, nos degustamos cada centímetro.
Y luego exhaustos de amor y de placer, nos dormimos abrazados, mi cabeza descansa en tu pecho y suavemente acaricias mi larga cabellera, que sedosa como catarata cubre todo tu torso.
El sueño, me llega mientras vuelvo a recordar esa última vez, y en la oscuridad de la noche, musito en un susurro tu nombre.....

Lisbeth.

Oscura Tentacion

En la profundidad de la noche, cuando todos los seres mortales que habitan la tierra, duermen en los brazos de Morfeo, hay alguien que deambula solitario, en busca de saciar su hambre insatisfecha.
Transita por las calles, en busca de su próxima victima, su andar es pausado, hasta se podría decir cansino, los sonidos de la noche acompañan cada paso.
Se detiene al resguardo de las sombras de la noche y observa….

Del Bar de la esquina, donde solo es titilante el cartel de neón, ya herrumbrado por los años, sale una silueta enfundada en abrigo oscuro, se arrebuja en él, y emprende el camino hacia su casa, a lo lejos es fácil distinguir que se trata de una mujer, él la observa a la distancia, y emprende su camino detrás de ella, sin que ésta lo note. Sin embargo ella, a pesar de ir concentrada en su mundo, se percata de que alguien la sigue y apura el paso, quiere dejar de sentir esa presencia que la hostiga cada noche, es siempre lo mismo, siente que alguien acompaña su andar, pero cada vez que gira no ve a nadie, a pesar de su miedo, ella también se siente protegida al mismo tiempo.
Llega a su casa, el vaho que sale de su boca, es testigo mudo del frío que hace en esta época del año, inserta la llave en la cerradura, gira y abre, pero antes de entrar gira en dirección a los pasos que la acompañaron y hace una señal de asentimiento con la cabeza, como diciendo “ya estoy en casa, gracias”.
Traspasa el umbral, y recuesta su espalda en la puerta, se queda pensando, en quién será que la acompaña todas las noches, en alguna que otra ocasión creyó verlo, pero fue solo su imaginación. Se quita el abrigo, lo deja caer sobre el sofá y se sirve una copa de coñac, mientras lo saborea, medita como ha sido su día, otro mas en que la vida o mas bien su vida, es una sucesión de hábitos y rutina, desde que él se marcho, ya nada volvió a ser lo mismo, no soporta estar en su casa, cada lugar le recuerda  su presencia y eso la ahoga y hace insoportable estar ahí.
Apura su trago, camina hacia su dormitorio, el que compartiera con él, se desnuda,  se acuesta y recuerda  el día que vinieron y le dijeron que él había sufrido un accidente y en el cual había perdido la vida, el sueño tarda en llegar como todas las noches, pero esta noche es distinta, lo presiente.
Afuera todavía entre las sombras de la noche, se encuentra él, ve cada paso que ella da en el interior de la casa, la sigue a través de las ventanas, ya conoce su rutina de todas las noches, y espera paciente a que se apague la luz del cuarto.
Hace tiempo que la observa, a fuerza de seguirla durante tanto tiempo, se ha dado cuenta, que se termino enamorando, y ese sentimiento él no se lo puede permitir, el animal dentro de él, no lo deja sentir, pero se resiste y ha empezado a amarla.
Pero esta noche todo acabará, él animal a dominado al hombre otra vez y en unos segundos más, ya no quedará nada del hombre enamorado, se transformará en el animal que lleva dentro, ese que le hace cometer atrocidades, noche tras noche.
Sigilosamente entra en la casa, no tropieza con nada, conoce de memoria el lugar, sus pasos se apagan sobre la alfombra mullida,  se detiene junto a la puerta del cuarto de ella, la empuja suavemente sin ruido, ella descansa en un sueño, su cabeza sobre la almohada, su cabellera negra esparcida en abanico, la luz de la luna que penetra por la ventana, le brinda una majestuosidad única, parece una diosa en pleno sueño eterno, se embelesa mirando tanta belleza y por un minuto pierde la noción del tiempo, vuelve en si de golpe, el animal ha surgido y esta sediento.
Sin más preámbulos, que el movimiento de su mano, busca entre sus ropas y deja a la luz una daga afilada, el reflejo de la luz de la noche dibuja en ella destellos plateados, en un santiamén la misma daga, esta bañada en sangre, ya no brilla.
Un solo quejido, luego un estertor y detrás la muerte, las sabanas empiezan a teñirse de rojo, sigue como dormida, ni un rictus de dolor, nada parece haber perturbado su sueño.
Él se vuelve lentamente para salir de la habitación, pero algo lo detiene, gira y la mira una vez más, de repente el hombre sede entre la nebulosa de su mente se abre paso y deja al descubierto al enamorado, sin poderse contener se arrodilla, al lado de su cama, toma su mano que yace sin vida, y la besa apasionadamente, levanta la daga y la hunde lentamente en su pecho, solo ruedan lagrimas por sus mejillas mientras la vida se escurre de su cuerpo, ya no siente dolor, solo calma y paz, el hombre al fin a podido con el animal y esta batalla la ha ganado él.

Dolorosa Traicion

Camino indolente por entre  la marea humana, que se dirige contraria a mí.
Mis pensamientos divagan, en los recuerdos que como pantallazo, surcan mi mente.
Las sensaciones de la noche vivida, hacen galopar mi sangre, paso suavemente la lengua por mis labios, buscando restos de los de ella.
Sólo saboreo la sal que dejan en su recorrido, las lagrimas que ruedan por mi rostro. Caigo en la cuenta de que estoy llorando, comienzo a entender las miradas de las personas que cruzo en mi trayecto.
Sigo, nada me detiene. A lo lejos vislumbro el lugar, ese al que no quisiera llegar nunca, pero es inevitable que lo haga, mi casa.
Coloco la llave en la cerradura, entro resuelto.
El silencio me golpea como una bofetada, sólo se escucha el ronroneo proveniente de la heladera.
Me dirijo a las escaleras, mi cuarto tiene la puerta entreabierta, apoyo mi mano empujo suave pero con firmeza.
Por la ventana se cuelan los rayos de la mañana, la cama revuelta, con la huella de un solo cuerpo, muda testigo de una noche insomne, intranquila.
La veo sentada frente al tocador, peina su cabello ensimismada en sus pensamientos, me acerco apoyo mi mano sobre su hombro, su espalda se tensa por el contacto.
A través del espejo veo sus ojos, cargados de dolor y desprecio.
_Perdóname, por favor!!!!!!
Baja la mirada, su silencio es más hiriente que mil palabras. Quisiera  que me gritara, hasta le permitiría que me golpeara, verla reaccionar. Pero nada de eso sucede.
Simplemente permanece en silencio.
Hace nueve meses, que bebo el néctar de otro cuerpo y disfruto el sabor de otros labios.
Ella hoy lo sabe o al menos eso creo. Es la primera vez que no llego a dormir, siempre trate de que no notara, de que ya no la amaba.
Mis lágrimas no parecen conmoverla, giro bruscamente, febrilmente abro las gavetas de la cómoda y comienzo a llenar una valija.
Ella impávida, me observa dejándome hacer.
No soporto mirarla a los ojos, mi cobardía no me lo permite, se me hace imposible enfrentarla.
Bajo las escaleras valija en mano. Recorro mi casa por ultima vez, lentamente camino hacia la puerta, antes de traspasar el umbral doy una mirada.
Ella está parada en el descanso de la escalera, su mirada está cargada de desprecio y rencor, sentimientos que yo provoqué con mi engaño.
Por eso es que lloro, son lágrimas de culpa, no se merecía esta traición de mi parte, pero ya es tarde, el daño esta hecho.


Heridas

Sus sentidos se encontraban aletargados por el sopor que causaban las drogas en su cuerpo. Esas que mantenían a raya la locura, excitación y el delirio.
En medio de esa nebulosa creada en su mente, comenzó a vislumbrar una luz.
Sus ojos recorrieron la estancia, las blancas paredes sin vestigios de cuadros, desprovistas de todo color y calor, impactaron es sus retinas. Se detuvo a mirar la cama, su cama de hierro, tan fría como las paredes que acompañaban el cuadro que se presentaba ante sus ojos.
En su recorrido, notó que la ventana, a más altura de lo normal, estaba cubierta de gruesos barrotes, imposible de escapar por ahí.
Aunque, realmente quería escapar?
No recordaba en ese momento, cuanto tiempo hacia que estaba en ese lugar, ni porqué, ni como había llegado.
Alisó sus cabellos con movimiento mecánico y su rostro dibujó una sonrisa.
Su mirada repentinamente adquirió un brillo inusitado, en su mente comenzaban a aflorar los recuerdos.
De repente ya no se encontraba en la fría habitación, frente a ella había un prado de flores amarillas, el viento jugaba con su cabello color canela, su vestido de mezclilla color café, del mismo tono que sus grandes ojos, se ceñía a su silueta.
En una mano una carta y en la otra una rosa blanca. A ambas se las había dado el hombre a quien amaba, el caporal de la estancia de su padre.
Hacia rato que se veían a escondidas y disfrutaban de sus encuentros y del amor que se tenían. Sentían que se pertenecían el uno al otro, una sola los separaba, la clase social.
Ella era la hija de los dueños y él simplemente un caporal, pero eso no era impedimento para ellos y el amor que se tenían, mucho menos para traer al mundo en forma de hijo, parte de ese amor.
Sus recuerdos se entremezclan, ya no se encuentra en el prado. Ahora esta de pie y sostiene en sus manos una escopeta humeante, en el suelo yace su padre con el pecho destrozado, los gritos de su madre le llegan como una letanía.
De sus ojos brotan lágrimas, los cierra con fuerza en un intento por borrar ese horrible recuerdo. Entonces cae en la cuenta de porque y como fue que se encuentra ahí, en ese lugar.
Es una institución para enfermos mentales, lugar al que llegó después de cometer el crimen de su padre.
Fue a causa de su gran amor y de su hijo, el mismo a quien le dio vida, el cual su padre le quitó al nacer.
Le dijeron que había nacido muerto, eso creyó todo el tiempo que permaneció recluida en su cuarto después de haber parido, porque era tanta la desolación que sentía, que cada día que pasaba se dejaba morir un poco.
Sin su hijo, ya nada tenía sentido, además su padre había echado al caporal, tampoco sabia donde estaba éste.
Cansada de estar llorando la perdida de ambos, decidió salir del cuarto, sin que nadie lo notara, se acerco sigilosamente a la sala, no pudo evitar escuchar a su padre decir:
_Nunca debe saber que su hijo vive lejos con su padre. A ese BASTARDO nunca debe volver a verlo!!!
Todo se derrumbó al instante, sin saber como se vio entrando a la sala , la escopeta en sus manos, sin decir palabra solo apuntó a su padre y jaló el gatillo, el resto ya no lo recuerda.
Limpia sus lágrimas, vuelve a alisar su cabello, se sienta en la cama.
Hoy es día de visitas, escucha como corre el cerrojo de su puerta, se levanta y trémula se dirige a ella.
_Mariana, tienes visita.
Sale al patio, el sol reverberante la ciega por un momento, instintivamente levanta su mano a modo de visera, entre el fulgor que causa en sus ojos la luz del sol, alcanza a distinguir una figura alta con un bulto en sus brazos.
Lentamente comienza a tomar forma, es él y trae consigo a un hermoso niño, de cabellos dorados, ella sonríe y abre sus brazos, el niño corre hacia ella, la abraza y le dice entre risas, Te Quiero Mamá!!!!
Por un instante siente que las heridas comienzan a cerrarse.
La tarde estaba llegando a su fin y con ella el horario de visita.
Los rayos del sol lanzaban destellos dorados, en el cabello de su hijo y su risa cristalina desbordaba su corazón. Sentado sobre su regazo, lo miraba embelesada hacer gestos y mohines.
No quería que acabara nunca, pero inexorablemente el reloj marcaba que el niño y su padre debían partir.
Los vio alejarse con el alma y el corazón estrujado en un dolor insoportable, quería correr tras ellos, pero en su mente aun perturbada, podía vislumbrar que no estaba lista.
De regreso a su cuarto, cayó en la cuenta de que estaba sola otra vez, los fantasmas de la tragedia que ella había cometido, volvían en retazos a su mente.
El sollozo se atenazó en su garganta pugnando por salir, apoyo la espalda contra la pared y deslizó su cuerpo hasta quedar hecho un ovillo en el suelo.
Otra vez la volvía a poseer la locura.
Su cuerpo desmadejado comenzó a sufrir espasmos, se retorcía. Las lágrimas se tornaron en una risa histérica incontrolable, sus manos desgarraban su ropa, su mirada ya no tenía el amor y el candor de esa tarde.
Ya no, ahora en su lugar había dos brazas quemantes que sólo destilaban odio.
Afuera la noche caía lentamente, las sombras comenzaban a cubrir su cuarto, sólo una luz se colaba por debajo de la hendija que dejaba la puerta, dibujando figuras tenebrosas y fantasmagóricas en las paredes.
No le dio importancia, no tenía miedo a la oscuridad, hacia tiempo que esa misma oscuridad formaba parte de su vida, de su mundo y se había acostumbrado a ella.
En medio de la noche, las sombras y el silencio reinante, lanzó un grito desgarrador que recorrió cada recoveco de la institución, erizando la piel de los que allí habitaban.
Pasado unos minutos, se escucho el cerrojo de la puerta y esta se abrió, dando paso a dos fornidos enfermeros.
Ella se encontraba agazapada gimiendo y lanzando sonidos guturales, en un rincón del cuarto como un animal a punto de saltar sobre su presa, sus ojos inyectados en sangre, brillaban en la oscuridad.
Entraron resueltos, mientras uno la sostenía el otro le colocaba una inyección, cuando lograron doblegarla la posaron suavemente sobre la cama.
Su cuerpo estaba laxo, sus ojos habían perdido todo rastro de odio, se le notaban vacíos, vacuos y desprovistos de toda emoción.
El sueño le llegó como un bálsamo para su mente perturbada.
A la mañana siguiente aún bajo los efectos de las drogas, solo podía recordar la cara de un niño de dorados cabellos, en sus oídos todavía podía escuchar su risa cristalina como si fuese una melodía conocida.
No lo asoció con su hijo, había vuelto a perder la poca cordura que le costó conseguir.
Las heridas no cerraban, al verlo partir era como que lo había perdido nuevamente y su mente se empecinaba en hacérselo ver así, sin permitirle sanar.
La locura se apoderó de ella una vez mas,  era su dueña, su alimento, su vida y se aseguraría de que ella, nunca más volviera a ser quien fue.