Las ramas de los árboles, desgarraban su piel, arañaban su cara, pero no siente nada. El agitado latir de su corazón y el miedo que corre por sus venas, hace más desenfrenada su carrera. Sólo quiere huir, las rocas escarpadas como cortadas por bisel, laceran sus pies descalzos.
Varios días atrás, no recuerda cuantos, salió de trabajar, se despidió de sus compañeras y caminó hacia el estacionamiento de la empresa en busca de su coche, al llegar e introducir la llave, perdió la conciencia.
Despertó en un cuarto con olor a moho y musgo, sus ropas ya no estaban, instintivamente asume posición fetal tratando de tapar su semi desnudez.
Sus ojos comienzan a adaptarse a la poca luz interior, recorre la estancia, una mesa y una silla, componen el resto del mobiliario junto con el catre en donde se halla.
Camina tambaleante hacia la puerta, he intenta abrirla, ésta no cede y grita.
- ¡Por favor, ayúdenme! ¡Que alguien me ayude!!!
Golpea insistente y grita, pero nada. Ni un solo sonido proviene de afuera, que delate a alguien en el lugar. Exhausta de tanto llorar, se duerme. Despierta sobresaltada, un ruido proveniente del otro lado de la puerta, la pone en alerta.
Espera anhelante a que se abra, se finge dormida para observar a su captor.
La silueta alta se perfila, traspasa el umbral con una bandeja en la mano.
- Aquí tienes comida, come.
Las preguntas se agolpan en su garganta.
- ¡¿Quien es usted, porque me tiene aquí, donde estoy, donde esta mi ropa. Por favor, dígame que quiere?!
La angustia se vuelve a apoderar de ella.
- No importa quien soy, estas acá por una razón. Ahora come, no me sirves si te enfermas y mueres.
Trata de levantarse y cae en la cuenta de que esta débil, no sabe cuando fue la última vez que comió algo.
El sujeto cierra la puerta tras de si, ella escucha la llave y después un sordo ruido a cadenas. Esta cautiva de este individuo y no sabe porque, sus padres no tienen el dinero suficiente para un rescate, este sujeto se ha equivocado de presa.
Así pasan los días, hasta que llega el momento de pensar como escapar, solo lo ve cuando le da de comer, un balde se transformo en excusado y no tiene noción de lo que es un baño caliente.
Es un animal acorralado, encerrado en contra de su voluntad, aun así quiere escapar.
Comienza a tratar de ganarse su confianza, cada vez que él se acerca le habla con tranquilidad, necesita que se confíe.
Y así de a poco, la espera para escapar no le suena a inverosímil.
Llegó el día, casi puede sentir el olor a la libertad, le ha pedido que la deje tomar un poco de aire, esta demacrada por el encierro, él accede sin saber lo que ella planea.
Cuando se encuentra fuera, la luz del sol hiere sus ojos, su mirada recorre el lugar, nota que no es la única que esta en esa situación, hay otras cabañas igual que esa y de la que proceden gritos, también nota que no hay nadie mas que este sólo sujeto.
Camina mansamente para darle confianza y cuando lo tiene cerca con un fuerte empellón, da con el sujeto por tierra, a pesar de estar débil, el tiempo que estuvo encerrada lo ocupo en hacer pesas con la cama, así fue que tonifico sus brazos y eso le permite poder derribarlo.
Corre, sin mirar atrás, sigue, nada la detiene, con sus heridas sangrando, llega a un claro del enmarañado bosque, esta desorientada, del otro lado del claro el sonido del agua se hace cada vez mas fuerte, sin pensarlo corre hacia ese lugar, de repente esta frente a una catarata que cae rauda por la colina, no se detiene y en un esfuerzo por recuperar su libertad salta.
El agua la abraza, como calido refugio, esta helada, pero no lo siente.
Aspira con fuerza el aire que llena sus pulmones y se deja llevar por la corriente, un tronco a su paso le sirve de bote, se desvanece, pierde la conciencia otra vez.
Las voces le llegan en murmullos apagados, teme abrir los ojos, no quiere que ese sujeto este ahí otra vez. Se mueve inquieta, una mano se apoya suave sobre su hombro y una voz le susurra.
- Estas a salvo, tranquila.
Comienza a entreabrir los ojos, la luz blanca shockea su vista, pero aun así, busca de donde viene esa voz tranquilizadora, gira la cabeza y ahí esta su madre con lágrimas en los ojos, sonriendo.
Entonces da gracias a la vida y se larga a llorar desconsoladamente.
Ya habrá tiempo de tratar de ayudar a las otras chicas y de entender porque la secuestraron.
Pasaron los días, las heridas de sus pies todavía no le permiten caminar bien, pero esas son las que menos duelen.
Las que le quedaron en el alma, esas no se borran. No sabe cuanto van a tardar en desaparecer, le cuesta conciliar el sueño y cuando lo hace, duerme de a ratos, el miedo la acecha constantemente.
La policía se encargo de investigar la desaparición de otras chicas, casi todas de su misma edad, pero todavía no pudieron dar con el paradero de ninguna.
Los datos que ella suministro, no sirvieron de mucho.
Cuando cayo en el río, éste la llevó corriente abajo, así que tampoco saben donde pudo haber estado, la selva es tupida y no tienen conocimiento de que exista alguna vivienda cerca de donde la encontraron.
Durante el tiempo que la tuvieron secuestrada, nadie pidió rescate, por lo que suponen que se trato de otra cosa.
En una sucesión, rememora una y otra vez el momento de su huida, recuerda claramente el lugar hasta que se largo a correr por el bosque, en sus oídos suenan los gritos de las otras chicas clamando ayuda, ese auxilio que ella sabe que si no puede guiarlos hasta ahí, nunca va a llegar.
Entonces sucede algo inesperado, mientras duerme, empiezan a venir a su memoria, pantallazos, detalles que creía haber olvidado.
Si algo la caracterizó siempre, fue su memoria fotográfica, algo que supo aprovechar a su favor y que ahora le decía como saber quien era el secuestrador.
Se concentra, vuelve a ese lugar que la asusta, de solo imaginarlo, pero sabe que es la única forma de dar con él.
Recuerda el ruido de un motor, también se acuerda de haber visto el tipo de coche que era, un mustang del 66 color azul petróleo, con llantas cromadas, y un faro trasero roto.
Esto lo vio por la hendija de la puerta, el día siguiente de estar ahí.
Ahora resta esperar, sabe que lo van a encontrar, quiere tenerlo cara a cara, para preguntarle porque a ella.
Al cabo de unos días, golpean la puerta de su casa, se sobresalta temerosa, cada ruido brusco como el golpe en la puerta o una portezuela de coche cerrándose, la intimida y pone en alerta.
Su madre abre, ella acurrucada en el sillón, los ojos fuera sus orbitas, mirando como un animal asustado, se dirigen a la puerta.
- Lo encontramos, Sra. debe venir a la estación, para reconocerlo.
- Pero oficial, mi hija todavía no se encuentra bien, además nunca vio su cara.
Se incorpora del sillón, por sus ojos ruedan lagrimas, pero la decisión es firme y esta tomada.
- Voy con usted, dice.
Toma el abrigo que esta junto a la puerta y sale erguida, tratando de demostrar un valor que esta muy lejos de sentir.
Del otro lado del vidrio esta él, se pasea como un animal enjaulado, la satisfacción de verlo así, se deja traslucir en su rostro. Ahora él sentirá lo que ella sintió cuando la tenia cautiva. Pide que lo hagan hablar, ya que lo único que reconoce es su voz y sus manos, era un detalle que había olvidado y ahora al oírlo hablar recuerda, una estrella en su mano derecha tatuada entre el pulgar y el índice.
- Es él!!! Sin ninguna duda!!! gira para salir corriendo de la habitación, pero algo la detiene, vuelve el rostro y lo mira.
Es alto eso lo recuerda perfectamente, pero hay algo en él que la atrae.
No es un tipo común y hasta es bien parecido, pero sus ojos están vacíos, no poseen sentimientos, ni nada que deje ver que ese hombre tiene vida.
Para hacer lo que hizo con ella, tiene que ser así, un hombre sin ningún vestigio de sentimiento o valor por la vida humana, la de ella y la de las otras chicas, siete más en total.
La vida de él no fue fácil, pero nada justificaba el daño que le había echo y con el cual ella y las otras deberían coexistir el resto de sus vidas.
Sucedió que él estuvo muy enamorado, ella lo abandonó, así fue que él comenzó a buscar en cada joven que secuestraba a esa mujer, todas eran físicamente parecidas, cabello largo casi rojizo, ojos oscuros, delgadas.
Se obsesionó tanto con que ella volviera que al no hacerlo, comenzó a buscar en la calle, a quien se pareciera y de esa manera seria como tenerla otra vez.
Cuando las alimentaba, en la cena les ponía una droga, de esa forma podía estar con cada una de ellas, sin que estas lo notaran.
Acariciaba sus cuerpos, sólo por el placer de creer que eran la mujer que el amaba, pero nada de eso era real. La obsesión lo llevo a cometer esta locura, el amor no correspondido lo llevo a esto.
Pero aún así, ella jamás podría perdonar a semejante animal, que le había destruido las ganas de amar y le había robado la seguridad y la serenidad.
Jamás volvería a confiar en nadie, eso la había marcado para siempre.
Se arrebujo en su abrigo, como si hiciera un frío gélido dentro del precinto, giro sobre sus talones, camino hacia la puerta, se detuvo, tomó aire y determinada salió a la calle, la vida comenzaba para ella otra vez.
Pasaron los días, las heridas de sus pies todavía no le permiten caminar bien, pero esas son las que menos duelen.
Las que le quedaron en el alma, esas no se borran. No sabe cuanto van a tardar en desaparecer, le cuesta conciliar el sueño y cuando lo hace, duerme de a ratos, el miedo la acecha constantemente.
La policía se encargo de investigar la desaparición de otras chicas, casi todas de su misma edad, pero todavía no pudieron dar con el paradero de ninguna.
Los datos que ella suministro, no sirvieron de mucho.
Cuando cayo en el río, éste la llevó corriente abajo, así que tampoco saben donde pudo haber estado, la selva es tupida y no tienen conocimiento de que exista alguna vivienda cerca de donde la encontraron.
Durante el tiempo que la tuvieron secuestrada, nadie pidió rescate, por lo que suponen que se trato de otra cosa.
En una sucesión, rememora una y otra vez el momento de su huida, recuerda claramente el lugar hasta que se largo a correr por el bosque, en sus oídos suenan los gritos de las otras chicas clamando ayuda, ese auxilio que ella sabe que si no puede guiarlos hasta ahí, nunca va a llegar.
Entonces sucede algo inesperado, mientras duerme, empiezan a venir a su memoria, pantallazos, detalles que creía haber olvidado.
Si algo la caracterizó siempre, fue su memoria fotográfica, algo que supo aprovechar a su favor y que ahora le decía como saber quien era el secuestrador.
Se concentra, vuelve a ese lugar que la asusta, de solo imaginarlo, pero sabe que es la única forma de dar con él.
Recuerda el ruido de un motor, también se acuerda de haber visto el tipo de coche que era, un mustang del 66 color azul petróleo, con llantas cromadas, y un faro trasero roto.
Esto lo vio por la hendija de la puerta, el día siguiente de estar ahí.
Ahora resta esperar, sabe que lo van a encontrar, quiere tenerlo cara a cara, para preguntarle porque a ella.
Al cabo de unos días, golpean la puerta de su casa, se sobresalta temerosa, cada ruido brusco como el golpe en la puerta o una portezuela de coche cerrándose, la intimida y pone en alerta.
Su madre abre, ella acurrucada en el sillón, los ojos fuera sus orbitas, mirando como un animal asustado, se dirigen a la puerta.
- Lo encontramos, Sra. debe venir a la estación, para reconocerlo.
- Pero oficial, mi hija todavía no se encuentra bien, además nunca vio su cara.
Se incorpora del sillón, por sus ojos ruedan lagrimas, pero la decisión es firme y esta tomada.
- Voy con usted, dice.
Toma el abrigo que esta junto a la puerta y sale erguida, tratando de demostrar un valor que esta muy lejos de sentir.
Del otro lado del vidrio esta él, se pasea como un animal enjaulado, la satisfacción de verlo así, se deja traslucir en su rostro. Ahora él sentirá lo que ella sintió cuando la tenia cautiva. Pide que lo hagan hablar, ya que lo único que reconoce es su voz y sus manos, era un detalle que había olvidado y ahora al oírlo hablar recuerda, una estrella en su mano derecha tatuada entre el pulgar y el índice.
- Es él!!! Sin ninguna duda!!! gira para salir corriendo de la habitación, pero algo la detiene, vuelve el rostro y lo mira.
Es alto eso lo recuerda perfectamente, pero hay algo en él que la atrae.
No es un tipo común y hasta es bien parecido, pero sus ojos están vacíos, no poseen sentimientos, ni nada que deje ver que ese hombre tiene vida.
Para hacer lo que hizo con ella, tiene que ser así, un hombre sin ningún vestigio de sentimiento o valor por la vida humana, la de ella y la de las otras chicas, siete más en total.
La vida de él no fue fácil, pero nada justificaba el daño que le había echo y con el cual ella y las otras deberían coexistir el resto de sus vidas.
Sucedió que él estuvo muy enamorado, ella lo abandonó, así fue que él comenzó a buscar en cada joven que secuestraba a esa mujer, todas eran físicamente parecidas, cabello largo casi rojizo, ojos oscuros, delgadas.
Se obsesionó tanto con que ella volviera que al no hacerlo, comenzó a buscar en la calle, a quien se pareciera y de esa manera seria como tenerla otra vez.
Cuando las alimentaba, en la cena les ponía una droga, de esa forma podía estar con cada una de ellas, sin que estas lo notaran.
Acariciaba sus cuerpos, sólo por el placer de creer que eran la mujer que el amaba, pero nada de eso era real. La obsesión lo llevo a cometer esta locura, el amor no correspondido lo llevo a esto.
Pero aún así, ella jamás podría perdonar a semejante animal, que le había destruido las ganas de amar y le había robado la seguridad y la serenidad.
Jamás volvería a confiar en nadie, eso la había marcado para siempre.
Se arrebujo en su abrigo, como si hiciera un frío gélido dentro del precinto, giro sobre sus talones, camino hacia la puerta, se detuvo, tomó aire y determinada salió a la calle, la vida comenzaba para ella otra vez.
Lisbeth.

