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Rojas, Buenos Aires, Argentina
Escritora amateurs

5/06/2011

La Casona



Las ramas de los árboles golpeaban ferozmente contra los vidrios de la ventana salpicada de gotas por la lluvia torrencial que caía esa noche en que él volvía a esa casa después de tantos años de ausencia.
Cuando el auto enfiló por el sendero de árboles que llevaba hacia la casona, los recuerdos volvieron a su mente como ramalazos de otra vida, de otro tiempo en que nada presagiaba un destino incierto como el que tenia delante.
Las paredes derruidas por el paso del tiempo, las tejas descoloridas junto a las ventanas desvencijadas, le daban un aspecto lúgubre aun siendo de día estando el sol a pleno.
Antes de bajarse su mirada recorrió el jardín que antaño estaba siempre cubierto de flores, ahora se encontraba lleno de malezas y ningún rastro quedaba de su colorido apogeo, de la fuente ya no brotaba agua, el herrumbre había hecho nido en la estatua que la adornaba junto con el moho y los pájaros ocasionales la habían tomado como vivienda.
La amargura se plasmó en su rostro y dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas al imaginar la figura de su madre junto a las rosas que con tanto amor siempre cuidó y ahora ya no estaban, en su lugar había sólo malezas y zarzas que formaban una maraña retorcida y oscura.
El viaje había sido de repente, sus abogados le informaron que tenía que volver a hacerse cargo de la venta de la propiedad, y sin pensarlo tomó un avión y vino sin más dilación. Quería sacarse ese problema de encima de una buena vez, le traía malos recuerdos esa casa y lo que menos quería era pasar tiempo en ella.
Su vida nunca fue fácil, lo que mas lo perturbaba era el recuerdo de su padre eso lo atormentaba y necesito años de terapia para superarlo, el maltrato, los insultos, las humillaciones y las vejaciones a las que lo sometió durante su niñez y su adolescencia le había dejado una huella imborrable, tal vez por eso esa casa le causaba aberración y odio.
Mientras miraba por la ventana un escalofrío le recorrió el cuerpo, del fondo de la propiedad como suspendida en el aire, una figura blanca se dirigía hacia la puerta trasera. Tomó la lámpara de kerosene que tenía sobre la mesa de noche del cuarto y se dirigió hacia las escaleras precipitado a ver de quien se trataba.
El viento golpeaba los desvencijados postigos de las ventanas y el lúgubre sonido que producían enervaba la piel, así y todo no detuvo su paso hacia la cocina desde donde le llegaba el ruido de la puerta abierta y de los golpes que producía a raíz del viento que la azotaba ferozmente. De un empellón la movió, los refucilos le dieron a la estancia un aspecto fantasmagórico, en medio del lugar una figura blanca se encontraba agazapada detrás de la mesa que ocupaba el centro.
El recelo se instaló en él y con voz cargada de angustia le espetó.
- ¿Quién eres?
La figura comenzó a incorporarse lentamente, se volvía enorme a medida que se acercaba a él, las ropas que llevaba estaban hechas jirones y manchadas de lodo, el pelo caía sobre la cara del personaje sin dejar distinguir de qué o de quién se trataba, nervioso volvió a repetir la pregunta buscando saber quién era.
Un relámpago iluminó el recinto, y la imagen se hizo más clara, era una mujer de penetrantes ojos negros y mirada extraviada.
Levantó la lámpara de kerosene tratando de iluminarle mejor el rostro, ella instintivamente retrocedió levantando una mano para cubrirse y entonces fue cuando habló o más bien gritó.
- ¡NO! Por favor quita la luz de mi cara, suplicó en un sollozo que fue ahogado por un trueno.
- Acércate, no tengas miedo no voy a hacerte daño. Extendió su mano para tomar la de ella, nuevamente ésta se alejó hasta ponerse otra vez detrás de la mesa agazapada, mirando por sobre el borde como un animal asustado.
La lluvia afuera seguía arreciando con fuerza y el viento era un eterno he inseparable compañero de ella, batallando en la noche y castigando la casona.
En el interior de la cocina otra batalla muy distinta se libraba, él quería saber quién era ella y ella no le permitía acercarse, eso dificultaba la ayuda que le podía dar.
Decidió que si quería darle tranquilidad para que ella se confiara, la dejaría sola y volvería luego.
Se retiró camino a la sala prendiendo a su paso un par de candelabros que encontró, la luz de las velas iluminó tenuemente el lugar. Sobre la chimenea adornaba la pared, el cuadro con la imagen de su padre y su madre. Los sillones cubierto con sabanas blancas le daban una vista espectral, las pesadas cortinas entreabiertas de un tono que otrora fuera bordó ahora lucían ajadas por el tiempo, corrió una silla estilo Luis XV , al hacerlo ésta se trabó en la alfombra deshilachada rompiendo un trozo, molesto pateó la alfombra y acercó la silla hacia la mesa de roble que se encontraba cerca de la ventana, esperando que ella en cualquier momento apareciera en la sala.
Pasaron unos diez minutos cuando la puerta comenzó a abrirse lentamente, ella asomó su cabeza recorriendo el lugar, su mirada se posó en él que seguía en la silla junto a la ventana mirando hacia fuera como no dándole importancia a su presencia, aunque el esfuerzo que realizaba para no girar y enfrentarla le estaba costando demasiado conservarlo.
Traspuso la puerta y el ruido de los goznes al cerrarse tras ella, la hicieron volverse temerosa. Por el rabillo del ojo vio que él no se había movido de su lugar, eso la tranquilizó.
Se dirigió hacia donde él se encontraba y con voz pausada y trémula le dijo:
- Gracias, por dejarme entrar.
En ese momento él giró y la miró, con asombro notó que el cabello ya no ocultaba su cara y ante él veía el rostro más hermoso que jamás habían presenciado sus ojos. Con una sonrisa le extendió la mano incorporándose de la silla, guiándola hacia el hogar que se encontraba encendido.
- Ven aquí estas empapada ,debes secarte sino vas a enfermar.
Dócil se dejó llevar, más cuando se acercaban a la chimenea profirió un grito desgarrador al levantar la vista y posarla en el cuadro que pendía sobre ella.
- ¿Que sucede?, indagó él.
-Ese…ese…ese hom…hombre, él es…, tartamudeó la joven tratando de soltarse de su mano, el miedo se dejaba traslucir en sus ojos exorbitados, gruesas lágrimas corrían por sus mejillas y el llanto brotaba de su garganta con un sonido desgarrador, él no entendía que sucedía.
- ¿Qué sucede? Por favor dime, ¿de donde lo conoces?, la incertidumbre lo carcomía.

- Ese…ese hombre…es mi PADRE!!, gritó ella en medio del llanto que convulsionaba su cuerpo.
Instintivamente él retrocedió como si un martillo lo hubiese castigado, las palabras de ella restallaron en su mente y en la sala.
La miraba sin dar crédito a lo que oía, él era único hijo. Nada de lo que ésta joven decía podía ser cierto, su madre jamás se lo hubiera ocultado.
Entonces miró la foto y volvió la mirada hacia la joven una vez más, los ojos oscuros de ella reflejaban una mirada de desprecio que él en su niñez y adolescencia había conocido demasiado bien.
No le quedaban dudas, ella estaba diciendo la verdad. Su padre había tenido una hija vaya a saber con quién y ahora él la tenía frente a sí, sin saber que decir o hacer.
Pasó su mano por sus cabellos, su mente era un cúmulo de sentimientos y preguntas, se dejó caer en la silla como abatido por un certero disparo.
Ella ahogada en llanto se había dejado caer al piso, su cabello ocultaba su rostro pero su cuerpo convulsionado dejaba ver que estaba realmente angustiada. No podía dejar de imaginarse que todo este tiempo, no supo que tenía una hermana y lo peor era que ella resultaba ser la mujer más hermosa que había visto en su vida.
Pasado el momento de estupor y sobreponiéndose a la situación, volvió al lado de la joven y suavemente la tomó en sus brazos y la cargó, con ella en andas se dirigió a las escaleras.
Afuera la tormenta arreciaba cada vez más feroz y en su interior comenzaba otra.
Subió las escaleras y traspuso la puerta del cuarto donde se encontraba cuando la vio llegar por el parque trasero de la casa, se dirigió a la cama y la posó suavemente, ella aun lloraba y tenia su rostro cubierto por el pelo mojado por la lluvia, con dulzura le susurro que se quedara tranquila, caminó hacia un sillón que tenía su valija y busco en su interior alguna prenda que le sirviera, sacó una camisa y unos pantalones pijamas y los deposito sobre la cama.


- Cámbiate por favor, ya vuelvo.
Salio cerrando la puerta tras de si, cavilaba mientras se dirigía hacia la cocina en busca de una taza de café para él y otra para ella.
Ella se levantó de la cama, con dificultad se quitó los harapos que traía dejándolos hecho un bulto en el suelo, se vistió con las ropas que él le dejara y en la cómoda encontró un peine que la ayudo a acomodar su melena rebelde.
Cuando tuvo todo listo en la bandeja volvió a la habitación, empujando con su espalda la puerta ya que sus manos estaban ocupadas, traspuso el umbral llevando lo que tenia en las manos hacia una mesa que se encontraba junto a la ventana, sin levantar la vista preparo una taza de café humeante girando para ofrecérsela.
La luz de la lámpara de kerosene ahora dejaba ver bien su rostro, era hermosa.Su piel blanca y sus ojos de rasgos felinos tan oscuros como su cabello negro que le caía en cascada sobre la camisa blanca, la hacían parecer una diosa del olimpo. Le causó un estremecimiento en todo el cuerpo, esa imagen lo impactó y por un momento no atinó a decir palabra alguna.
Ella se le acercó y tomó la taza entre sus manos, al hacerlo rozó las suyas y sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo, instintivamente se retiró hacia la ventana. De espaldas a él bebió un sorbo y luego comenzó a hablar con una monotonía en la voz, que se hacia cada vez mas audible y firme a medida que continuaba el relato de lo que había sido su vida hasta ese momento.
- Mi madre siempre habito en la cabaña al fondo del bosque del otro lado del parque, quedó huérfana siendo muy joven, sola siguió viviendo ahí, de vez en cuando iba hasta el pueblo y vendía los productos que cosechaba en su quinta, con eso se mantuvo y me mantuvo a mi, hasta hace poco que falleció.
Él la escuchaba en silencio no quería interrumpirla, necesitaba saber la verdad del porque era hija de su padre.
_ Un día un hombre la encontró en el camino de regreso hacia la cabaña y se ofreció a llevarla. Ese día la venta había sido poca y casi no tenia ni un cobre para comprar carne y otros alimentos, además estaba cansada y no había comido nada en todo el día. Así fue como aceptó de buena gana que la llevara, ella lo conocía por eso no opuso ningún reparo, lo que no sabia era lo que ese canalla la iba a hacer sufrir a partir de ese momento.
Volteó para enfrentarlo, sus ojos estaban mas oscuros, en ellos había rabia y dolor.
_ Él con sus artes de hombre de mundo la enamoró, a ella, a mi madre, una pobre chica que nunca había conocido el amor- las palabras en este punto de la historia parecían masticadas por la bronca con que eran pronunciadas.
- Y de ese amor nací yo, él nunca me quiso reconocer, le dijo que tenía su familia y que diría la gente del pueblo si se enteraban que él había cometido adulterio, que su nombre iba a ser enlodado y eso no lo podía permitir. Aunque siempre iba a verme y me llevaba regalos y presentes, nunca me dijo que era mi padre, además la ayudaba con dinero. Pero ella lo que quería era un padre para mí, algo que él nunca fue.
El día de su muerte antes de partir, ella me lo dijo. También me dijo que había una carta escrita de su puño para mi, la rabia me cegó y corrí hasta aquí para decirle en la cara que era un ¡maldito! pero llegué tarde, hacia una semana que había muerto y mi rabia se convirtió en dolor. Desde entonces vengo hasta aquí, todas las noches a buscar esa carta de la que me habló mi madre, aunque todavía no he podido dar con ella.
Después de escucharla atentamente, un silencio sepulcral se apoderó del cuarto. Su mente era un torbellino, pensó en si su madre alguna vez lo habrá sabido y calló para que él no sufriera. Nunca lo sabría y tendría que vivir con esa duda eternamente, sólo le quedaba el consuelo de que no estaba solo, aunque lo que no podía dejar de atormentarlo era que cada vez que la miraba, la veía como una mujer hermosa y no como su hermana.
- Ya es tarde, descansa. Mañana hablaremos mas tranquilos y te ayudaré a buscar esa carta.
Salió de la habitación sintiendo como que la casona se le venía encima, todavía se le hacía imposible procesar toda la información que había recibido. Bajó las escaleras con una manta, cuando entró en la sala arrimó un sillón al hogar, tomó de arriba del bargueño una copa, sacó una botella de bourbons sirviéndose un trago, el liquido ámbar reflejo los destellos de la luz de las velas, bebió un sorbo, una braza quemante bajo por su garganta llenándole los ojos de lagrimas, se recostó en el sillón con la copa en la mano y tapándose, se quedó meditando en lo que ella le había contado hasta quedarse dormido. Mañana sería otro día y él había prometido ayudarla a buscar esa carta, cumpliría con su palabra.
Afuera la tormenta había comenzado a amainar y el amanecer oteaba el horizonte.
Por la mañana ya cerca del mediodía, los rayos de sol entrando por la ventana lo despertaron, se revolvió inquieto en el sillón no había dormido cómodo, el agotamiento causado por el viaje y los sucesos de la noche anterior eran los causantes de que se encontrara mas cansado.
Se incorporó, pasándose una mano por los ojos trato de enfocar la vista en la habitación, y al hacerlo se topó con la mirada de ella, con esos ojos penetrantes que la noche anterior lo habían inquietado tanto. A plena luz del día lucia aun más hermosa, su cabellera azabache caía en cascada ondulante por sus hombros, enmarcando un rostro de suave facciones, éste lo coronaban unos ojos demasiado expresivos, en este momento se encontraban alertas, las hojuelas de su nariz con un leve aleteo delataban que aguantaba la respiración.
- Buenos días, está recién preparado tómalo, dijo ella alcanzándole una taza de café.
Se puso de pie estirando su 1.80 de estatura y estirando la mano tomo la taza que le ofrecía.
- Gracias, ¿como dormiste?
- Bien, al principio me costó por los ruidos de la casa, pero al final logré conciliar el sueño.
Ella lo había estando observando largo rato mientras él dormía, el ángulo de su mentón con un leve rastro de vello facial, le daba un aire mucho mas masculino, su cabello rizado del color del trigo contrastaban con el tono caribeño de su piel, lo hacían un hombre de verdad atractivo. Sólo ahora al verlo a plena luz, notaba el color gris intenso de sus ojos, por la pintura tenia los rasgos de su madre y hasta sus ojos, no tenía mucho parecido con su padre gracias a Dios, ella no soportaba la idea de ver en él al hombre que le había causado tanto daño a su madre y hasta a ella misma.
Era muy amable, lo había sido la noche anterior y ahora hasta se ofrecía para ayudarla a buscar la carta que le había dicho su madre que se encontraba en esa casa, la carta de su padre.
Él se retiró hacia la planta alta de la casa en busca del baño, para asearse y cambiarse la ropa que todavía traía puesta del día anterior. Mientras se duchaba, en su mente comenzó a hilvanar los datos por la joven aportados, pensó en donde podía estar esa carta y que escondería o mejor dicho que les revelaría.
Se vistió con una camisa de popelín celeste que resaltaba más sus ojos y un pantalón de sarga gris, peinó su cabello se miró en el espejo y bajó en busca de la joven a la cual no podía aun llamar su hermana.
Cuando entró en la sala, ella se hallaba parada frente a un anaquel que había contra la pared cubierto de libros desde el techo hasta el suelo. Giró hacia él y le espetó.
- Comencemos por aquí, ¿quieres?
- Esta bien, tu comienza por abajo, yo subiré a la escalera y comenzaré por la parte mas alta, hace rato que no se usa y no quiero que por accidente puedas lastimarte.
Así estuvieron por varias horas en silencio, el único sonido audible era el incesante crujir de las hojas de los libros. Como no habían almorzado y la tarde ya estaba bastante adentrada, él le sugirió parar para alimentarse, de la carta todavía no había ni rastro.
Al haber llegado el día anterior lo único que había en su maleta era el café y la botella de bourbons, comida no tenía. Le preguntó si quería ir con él hasta el pueblo en busca de alimentos y sin esperar respuesta y tomando las llaves del auto se dirigió a la puerta. Ella sin decir nada se levantó y lo siguió dócil.
Subieron al auto y enfilaron por la hileras de árboles hasta llegar al camino que los llevaría al pueblo, no hablaron en todo el viaje, cada cual estaba ensimismado en sus propios pensamientos.
Entraron al pueblo, su auto llamaba la atención de los pocos transeúntes que se encontraban en la calle.
Era un pueblo pintoresco de esos que parecen sacados de una postal, en la calle principal estaban los comercios y después en las calles aledañas las viviendas de los pobladores, al fondo de la principal saliendo unas 218 yardas aproximadamente se encontraba el cementerio.
Detuvo su auto frente a la tienda de abarrotes y apeándose traspuso la puerta, ella lo siguió presta para no quedarse rezagada.
La señora detrás del mostrador enarcó una ceja en actitud de sorpresa, al ver a la joven acompañada por tan atractivo hombre, nunca la había visto con nadie salvo su madre.
Dirigiendo la vista hacia el hombre que la acompañaba su sorpresa fue mayor cuando reconoció de quién se trataba, los rumores fueron muchos cuando partió apenas cumplidos sus 18 años y ahora regresaba hecho todo un hombre.
Cuando él se fue, luego se supo que su padre lo torturaba a diario, nunca se supo porque. Pero los rumores en un pueblo chico como éste, corren como reguero de pólvora, la empleada que tenía su madre en ese momento relataba las humillaciones y abusos que sufría el joven, aunque nunca pudo decir a que se debían, eso solamente lo sabía el padre y tampoco nunca dijo nada.
Las humillaciones consistían en despreciarlo diciéndole que era un inútil, un inservible y a eso se sumaba el abuso de su parte con golpes de su cinturón en su espalda que mas de una vez lo dejaron con laceraciones en la piel.
Siempre se esforzó por hacer las cosas bien, quería que su padre estuviera orgulloso de él pero nunca lo logró, siempre lo despreció y eso lo había marcado, tampoco dejó que su madre supiera lo que vivía para no lastimarla, ella jamás supo del maltrato de su padre, al menos eso el creyó siempre.
Compraron lo que podría hacerles falta para varios días y se dirigieron al mostrador para pagar, en ese momento la señora con una sonrisa le dijo a él.
- Bienvenido Steven, has regresado.
Él le sonrió por educación, la recordaba de la vez que había ido a comprar a escondidas cigarrillos, pero que luego su padre se enteraría y le propinaría una paliza que lo dejaría sin poder levantarse por varios días. En ese momento la odió, ahora el tiempo había pasado pero al verla todo volvía a su mente otra vez. Tratando de borrar ese recuerdo del pasado le contesto en tono condescendiente.
- Gracias, pero solo volví para vender la propiedad, no quiero nada que me ate a este lugar.
La mujer, puso en bolsas lo que había adquirido y tomando el dinero procedió a darle el vuelto sin mirarlo, sólo volvió a fijar los ojos en él cuando se lo daba, en ese momento sus ojos pasaron de él a la joven que se había mantenido todo el tiempo a su lado sin decir palabra.
- Como has estado Alina, hace días que no te veía estaba preocupada. Sola, como te encuentras viviendo en esa cabaña, además que necesitaba verduras y no me has traído.
- Perdone usted señora Brown, es que no he podido, con lo de mi madre y bueno…
- Esta bien Alina, cuando puedas ven a traerme, la gente del pueblo me reclama que no tengo y no quieren ir hasta el pueblo vecino solo por verduras.
- De acuerdo apenas pueda se las traeré, diciendo esto salió detrás de Steve.
Subieron al auto partiendo camino a la casona, esta vez el viaje fue distinto. Ella rompió el silencio diciéndole.
- Así que te llamas Steven, lindo nombre.
- Tu también tienes lindo nombre Alina, dijo él como saboreando su nombre.
Ella notó el son cadencioso de su voz al pronunciarlo y se sonrojó.
Él por el rabillo del ojo, noto el azoramiento de la joven pero hizo como que no lo había notado, esa mujer lo enervaba y eso no era posible que sucediera dado el parentesco que los unía.
Rápidamente habían llegado otra vez a la casona y antes de continuar con la búsqueda, fueron juntos a la cocina a preparar algo frugal.
Mientras comían, conversaron de cualquier cosa, ella le preguntaba sobre su vida en Londres, al escuchar los relatos de él los ojos de ella brillaban maravillados, lo único que conocía era el pueblo jamás había salido de ahí.
Cualquiera que los viera, dirían que eran una pareja disfrutando de un picnic, pero la realidad era otra y pronto se tornaría irreal y nefasta para ambos.
Terminaron de comer y prosiguieron con la búsqueda, esta se hacia cada vez mas infructuosa, ya habían dado cuenta de la biblioteca y de todo recoveco que encontraron en la sala sin encontrar rastro de ella, siguieron por toda la casa, no quedo habitación ni mueble por revisar, lamentablemente la carta no se hallaba por ningún lado, y entre ellos comenzaban a surgir sentimientos que nada tenían que ver con los que sienten dos hermanos.

Entonces él tuvo la idea de ir al sótano, ese era el único lugar que les faltaba revisar.
- Bajemos al sótano Alina, quizás ahí encontremos algo que nos guíe a la carta.
- Estas seguro Steven, ¿y si nunca la encontramos?, el tono de voz de ella sonaba desahuciado.
La escalera que descendía, estaba prácticamente en ruinas, bajaron con cierta dificultad, la luz de la lámpara de kerosene le daba un aspecto sobrecogedor, ella instintivamente se aferró a su brazo. Él al sentirla tan cerca, le corrió por el cuerpo un sensación de calor que nacía de sus genitales, eso lo desconcertó nuevamente como cuando la vio esa mañana. No podía sentir deseo por ella, mucho menos la pasión con la que deseaba tenerla en sus brazos y que se hacía cada vez más latente en sus sentidos. Eso no era posible de solo imaginarlo, le causaba pavor, se sentía sucio por tener esos pensamientos con su hermana, pero el cuerpo le dictaba lo que la mente no entendía.
Una vez en el sótano, se deshizo de su brazo como si se estuviera quemando, ella notó ese alejamiento abrupto, no sabía bien que le sucedía pero, también había sentido sensaciones extrañas al contacto con él, su piel ardía y un calor desconocido le había embargado el cuerpo, ella no sabía lo que el deseo y la lujuria significaban, era una sensación nueva y le gustaba sentirla cuando estaban tan cerca.
- No se por donde comenzar, dijo él mirando alrededor.
El lugar se encontraba lleno de trastos desvencijados, sillas en desuso, un escritorio contra la pared del fondo debajo de una pila de cortinas viejas, le llamó la atención, se acercó con cuidado y lo reconoció de sus días de adolescente, era el que una vez había formado parte del decorado de su cuarto.
Con cuidado para no levantar demasiado polvo, ya que el lugar no tenía la suficiente ventilación salvo una pequeña rendija en uno de sus costados por los que dejaba traspasar una leve brisa de aire, quito una por una las pesadas cortinas que lo cubrían. Abrió uno de los cajones, y comenzó a ojear los documentos y papeles que había dentro, siguió hasta llegar al último cajón, nunca imaginó lo que encontraría y lo que eso le cambiaría la vida.
En sus manos tenia el diario de su madre, jamás imaginó que ella tuviese uno, no sabía si leerlo o no, era algo privado de su madre y aunque ella ya no viviera, no se creía con derecho a leerlo era como invadir su intimidad. Giró y se enfrentó con la mirada inquieta de Alina, ella lo miraba como no entendiendo lo que pasaba, sin decir palabra tomó de sus manos el diario y lo abrió.
“ …Ya no puedo ocultar mas esto, a alguien tengo que contárselo, es por eso que hoy escribo esto, no puedo decírselo a nadie, mi vida sería un calvario y la de mi hijo también si se llega a saber, guardaré celosamente este diario, acá podré volcar todos mis dolores y sufrimientos.”
Así comenzaba el diario, ella lo leía en voz alta pero era como un susurro, la mente de él no se imaginaba que su madre hubiese podido escribir eso y que era lo que ella había ocultado por tantos años, que no pudo contarlo para no hacerle daño a él, siguió escuchando a Alina en silencio, sin realizar ningún gesto, solo su respiración daba señales de que estaba vivo.
“Hoy me caso con el hombre que mis padres eligieron para mi, debo hacerlo antes de que pierdan la hacienda, de esa manera ellos no quedarán en la calle, debo hacerlo por ellos, no importa de que no lo ame y no este enamorada, pero el sacrificio bien vale la pena no puedo dejar que caigan en desgracia, mi madre no soportaría la humillación de verse pobre.
Ya me casé, las cosas resultaron menos engorrosas de lo que me imaginaba, él me tiene paciencia y sabe que todavía no estoy lista para ser suya, nadie lo sabe. Él me protege de alguna manera al no contar que el matrimonio todavía no fue consumado.
Hoy siento por primera vez odio, me siento sucia, aun puedo oler su fétido hedor a alcohol sobre mi rostro y sentir sus lascivas manos sobre mi cuerpo, rasgando mi ropa y mi alma, todo se llevó de mi, mi juventud, mi pureza y lo mas sagrado el poder de amar sin reservas.
Me violó de la forma mas cruel y sin remordimientos, no le importó ser quién era y fruto de esa violación, estoy encinta. Quiero dejarme morir, la vida ya no tiene sentido. Tomé un cuchillo y lo apoyé en mi muñeca, la sangre comenzó a fluir y en un ultimo instante pensé en la vida que crece dentro mío y merece vivir.”
En este punto del relato del diario Alina se detuvo y lo miró, la cara de él estaba transfigurada por el dolor de saber que él había sido producto de una violación y no del amor de sus padres, como su madre le había hecho creer durante tantos años. Ahora entendía el rechazo de su padre y las humillaciones, aunque todavía le faltaba saber quién era o había sido su padre.
Ella sintió la imperiosa necesidad de consolarlo, pero el brusco rechazo de él la hizo cambiar de opinión.
-¿Sigo leyendo?, le inquirió.
-Continua, le dijo él con un tono mordaz.
“Frank, es demasiado cobarde para enfrentar al miserable que me hizo esto, es por eso que tolera mi embarazo y hasta le va a dar el apellido con tal de no manchar el buen nombre y no generar un escándalo, me da tanto asco como el maldito, que no merece que lo nombre. Su sola mención me repugna y me asquea, lo único que me mantiene en pie es este bebé que crece dentro de mí y que no tiene culpa de nada.
Creí que podría llegar a amarlo, pero ya veo que nunca va a ser posible, lo que me resta es esperar que nazca el niño o niña y tratar de ser feliz con su llegada. Mi vida es un calvario, debo verle la cara todos los días y hasta compartir la casa y la mesa con él, ese maldito. Y lo peor de todo soportar que mi marido, mi Frank, lo trate como si nada hubiese pasado sabiendo que fue él quién se aprovechó de mí.
Por fin llegó el día, mi niño ya nació es bello y sano, tiene mis ojos y mi cabello, gracias a Dios no tiene nada a su padre, es el regalo que me hacía falta.
Los días se suceden en un interminable ir y venir, Steven crece más bello e inteligente. Ya esta grande, en el colegio le va bien y acá en la casa, de vez en cuando lo veo afanosamente en los establos tratando de ayudarle a Frank.
Anoche lo escuché llorar, hace días que lo veo taciturno a mi niño, he notado el desprecio de Frank hacia él y me destroza el alma no poder decirle que él no tiene culpa, la vez que lo intenté me gritó ramera, y me abofeteo.
Hace varias noches, que Frank no duerme en la casa, llega por la madrugada, casi sin hacer ruido, pero aun así yo lo escucho. En el pueblo se comenta que tiene un amorío, aunque todavía no se con quién, lo debe tener bien oculto y no lo culpo por eso, ya que a mi jamás me ha tocado.
Hoy salió temprano, era la madrugada cuando lo hizo. Alguien lo vino a buscar, era una voz de mujer, no pude ver quién era, pero salió casi corriendo.
Cuando volvió por la tarde, con un habano en su boca y una sonrisa triunfadora me dijo, “¡Ahora sí, soy padre de verdad!”, fue una puñalada certera y mortal a mi corazón, por suerte Steven no estaba y no lo escuchó, eso hubiese sido fatal y tendría que contarle la verdad, y todavía no estoy lista para hacerlo.
Steven se acaba de ir a Londres a estudiar, es mejor así por lo menos no lo veré sufrir, hace rato que se de las humillaciones y los abusos a los que lo somete Frank, pero por vergüenza de no poder explicarle el porque de ellos, nunca le dije que sabía.
Ahora ya nada importa, Frank vive con la mujer de la cabaña, solo para el pueblo y la gente sigue manteniendo las apariencias, a veces la casa se me viene encima, pero mis rosas y el jardín son mi cable a tierra.”
Alina detuvo la lectura, quedaba a las claras que ese acontecimiento era su nacimiento, y que Frank era su padre, ella ya no necesitaba buscar ninguna carta, en este diario la madre de Steven hablaba sobre una mujer de una cabaña y de la única que podía tratarse era de su madre.
-Steven lo que yo quería saber, tu madre con este diario me lo ha aclarado, dijo estirando la mano y entregándole el diario.
Se volteó para subir las escaleras, en ese momento él la retuvo con fuerza y la atrajo hacia sí, abrazándola fuerte se largó a llorar, ella lo contuvo y el beso que se había hecho latente en los dos, fue el preludio de una pasión devoradora que los llevó al éxtasis.
Él con mucha suavidad la despojó de las ropas y dulcemente la posó sobre un catre que se encontraba a un costado, deslizándose a su lado la besó apasionadamente, ella se entregó sin remilgos a la lujuria que sentía, jamás había estado con un hombre y no le importó que fuera él el primero en poseerla y quitarle su virginidad.
Consumado el acto, ella se levantó y juntando las prendas del suelo comenzó a vestirse lentamente, él la observaba en silencio.
Todo rastro de decencia lo había abandonado y ahora estaba en sus manos pagar con la misma moneda, lo que su padre o al menos el que durante tantos años creyó que lo era, le había hecho a su madre y a él mismo.
Ella no tenía la culpa, pero el odio que sentía en ese momento lo obnubilaba y la sed de venganza era muy grande, así fue como en los días subsiguientes se encargó de enamorarla, para después abandonarla.
El negocio y la venta se había realizado con éxito, antes de partir la fue a buscar a la cabaña, lo único que llevaba de la casona era el diario de su madre, que todavía no había terminado de leer y el gran cuadro que adornaba la chimenea, pero con una reforma, lo había cortado por la mitad, sólo estaba la imagen de Frank en él.
Se bajó del coche y golpeó, ella apareció de detrás de la casa con una cesta en la mano llena de verduras. Al verlo la apoyó sobre el suelo y corrió a sus brazos, con los ojos brillando por el amor que sentía hacia ese hombre a quién le había dado todo lo que era.
Pero al llegar a él, la sonrisa socarrona que tenia su cara la detuvo en seco, no entendía que pasaba, en la mirada de él, ya no había rastro del amor y dulzura de los días anteriores, ahora la mirada de él estaba cargada de odio y burla.
-¡Acá te traigo a tu padre, ese canalla que me humilló, ese cobarde que aceptó criar al hijo de otro hombre y que no aceptó a su propia hija!, dijo tirándole el resto del cuadro a sus pies.
Ella no daba crédito a lo que oía y las lágrimas comenzaban a aflorar en sus ojos, lo miraba sin ver. El alma y el corazón se le estreñían dentro del pecho ahogándola.
-Steven, ¿Qué sucede? porque haces esto…susurro entre lágrimas.
-¡Esto! es el precio que te toca pagar por el miserable de tu padre.
Sin decir nada más, giró montándose en el coche yéndose de ahí, dejándola sola y sumida en un convulso llanto.
Llegó al aeropuerto, al tomar la maleta notó que de un bolsillo sobresalía el diario de su madre, lo tomó para terminar de leerlo.
“Perdóname hijo, si estas leyendo este diario significa que ya he muerto y puedo decirte quién fue tu padre. El hombre que se llevó lo mejor de mí y el que truncó mi vida fue el mismo que tantos mimos te prodigó de niño, el padre adoptivo de Frank. Si, tu abuelo en realidad era tu padre, por eso siempre estuvo al lado tuyo hasta que murió, Frank siempre lo supo y por eso los odié a ambos. Espero que esto no haga que cambies tu vida, sigue siendo honesto, dulce y cariñoso como siempre lo fuiste. Mamá”.
Sus pensamientos en este punto al final del relato, lo habían dejado absorto pensando en si su madre supiera lo que había hecho con Alina.
Afuera los rayos surcaban el aire, antes de subir al avión una tormenta comenzaba a formarse sobre el horizonte y ahora en pleno vuelo arreciaba sin piedad sobre ellos, el piloto aconsejó ponerse los cinturones, pero él estaba tan ensimismado en su mente que no oyó la sugerencia, fue por eso que cuando el rayo impactó sobre el ala derecha donde él se encontraba y al partir el fuselaje, salió despedido por el aire y nada pudo hacerse por él. El avión realizó un aterrizaje de emergencia, nunca encontraron su cuerpo, el destino se cobraba su mala jugada en contra de Alina.
Después de que él partiera en el auto y se perdiera por el camino para no volver, ella corrió desesperada hacia la casona creyendo que él estaría ahí, entró por la cocina y dirigiéndose escaleras arriba gritó su nombre que resonó por toda la casa, enajenada bajó hasta el sótano, al hacerlo los peldaños de la escalera se rompieron por el peso de su cuerpo imposibilitándole la salida , eso no le importó y sobre el camastro que se entregara a él por primera vez, se tiró de bruces dando rienda suelta al llanto, al hacerlo dejo caer la lámpara que llevaba en su mano para alumbrar, ésta se volcó y los cortinados viejos tomaron fuego, la desesperación se apoderó de ella, por mas que gritó nadie la escuchó, no había quién la escuchara y cuando vio que el fuego ya amenazaba con quemarla viva, tomando un vidrio roto de la lámpara, apoyándolo sobre sus venas cortó profundo, la sangre comenzó a emanar y antes de que el fuego la alcanzara, la alcanzó la muerte.
La casona se cobraba dos vidas más mientras se reducía a cenizas por las llamas, la de Alina y del hijo que comenzaba a formarse en sus entrañas.


Lisbeth.